¿Redes sociales o comunidades digitales de aprendizaje?

Mucho se lleva ya hablando de las redes sociales, de cómo están cambiando nuestra forma de actuar y comportarnos con los demás, olvidando a veces que esto de la red sociale no es algo nuevo. Desde el momento en el que nacemos pasamos a pertenecer a una primera red social que es la familia, después el colegio, etc. Lo que cambia es la herramienta o el entorno que utilizamos para establecer relaciones sociales con las otras personas, da igual que la red sea analógica o digital.

Cuando ya empezaba a ser algo “normal” el uso de una red social en nuestra vida personal para un gran número de usuarios de internet, surgió esa tendencia a crearnos un perfil “serio». Éste sería nuestra identidad digital en el ámbito profesional. Es el miedo a mantener nuestra privacidad en la red, ese doble juego a la hora de interactuar digitalmente con nuestros contactos.

Una mayor experiencia navegando por diferentes redes sociales (horizontales, verticales, educativas, profesionales, para el ocio…) nos ha aportado un bagaje de formas para saber gestionar nuestra identidad digital. Como dice el refranero español, “lo que no se hace es lo que no sabe”. Que si lo extrapolamos al tema que estamos tratando, sería algo así como “lo que no publicas, es lo que no se sabe”.

En definitiva, esto nos viene a decir que debemos de comportarnos en las redes sociales digitales tal y como lo haríamos en una tradicional.

Si superamos ese miedo y estamos receptivos a lo que las redes sociales pueden aportar para los procesos formativos, podremos decidir si son o no un buen recurso a utilizar para la formación de los profesionales.

La red social ya no es un espacio donde hablo con mi amigo que se encuentra lejos de mi ciudad (o al lado de mi casa), sino que se ha convertido en un entorno donde fluye el aprendizaje entre iguales. Los integrantes de un grupo en Facebook o de una comunidad en Google +, por ejemplo, comparten información, recursos, cuentan sus opiniones sobre un tema, debaten, ayudan, asesoran a los demás participantes. El aprendizaje ya no sale del experto y se transmite unidireccionalmente hacia el público pasivo, sino que unos intereses comunes posibilitan la creación de un espacio donde el conocimiento se transmite horizontal y recíprocamente entre compañeros (peer to peer).

De proyectos colaborativos y de cursos MOOC en los que participan profesionales de diferentes lugares, con intereses distintos y con una variedad de necesidades, surgen estos espacios donde prima el compartir y el aprender de unos y de otros. Estamos hablando de comunidades de aprendizaje.

En estas comunidades se produce una interacción y una participación activa entre profesionales, llegando a ser por ellos mismos como una excelente oportunidad para su propio desarrollo profesional. Se trata de una herramienta para buscar el saber a través del reciclaje profesional. Torres (2010) apuntaba que estas redes de profesionales convertidas en comunidades de aprendizaje son una opción que satisface las necesidades de formación de estos profesionales, pues se posibilita que puedan compartir experiencias didácticas, nuevas metodologías, intercambiar recursos, conocer lo que otros profesionales del mismo campo (o distinto) hacen en su puesto de trabajo, formarse en la utilización de nuevas tecnologías o estar en contacto con grupos de trabajo de otros entornos formativos.

No podía acabar este post sin hacer referencia a algunas de las razones que desde el blog de INTEF se mencionan como imprescindibles para justificar el hecho de tener una presencia en la web. Dejemos atrás la inseguridad y el recelo para adentrarnos en este nuevo mundo que nos abre sus puertas.

15 razones por la que todo profesional de la educación debe tener presencia en la web.

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