Un estudio liderado por la Escuela Andaluza de Salud Pública evidencia su relación con depresión, ansiedad, estrés y riesgo suicida, especialmente entre mujeres jóvenes

La violencia sexual ejercida a través de medios digitales no es un fenómeno menor ni exclusivamente virtual. Una revisión sistemática, publicada en la revista BMC Public Health confirma que este tipo de violencia se asocia de forma consistente con problemas de salud mental en mujeres a partir de los 16 años. El trabajo, liderado por la Escuela Andaluza de Salud Pública, institución dependiente de la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias, analiza la evidencia científica disponible a nivel internacional y refuerza la necesidad de considerar esta realidad como un problema de salud pública.

El estudio revisa 21 investigaciones realizadas en 11 países y que, en conjunto, incluyen a más de 18.000 mujeres. La violencia sexual facilitada por la tecnología abarca conductas como el envío no consentido de mensajes o imágenes sexuales, la difusión de fotografías íntimas sin permiso, la coacción para el envío de contenido sexual o el acoso reiterado a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería.

Metodológicamente, la revisión se llevó a cabo siguiendo los estándares internacionales PRISMA y con un protocolo previamente registrado en PROSPERO, lo que garantiza transparencia y rigor. Se analizaron de forma independiente estudios cuantitativos y cualitativos, integrando después los resultados para ofrecer una visión completa del fenómeno. La calidad metodológica de los trabajos incluidos fue mayoritariamente moderada o alta.

Los resultados muestran una asociación clara entre haber sufrido este tipo de violencia y presentar síntomas de depresión y ansiedad. En varios estudios, las mujeres expuestas a violencia sexual digital tenían entre una vez y media y casi cuatro veces más probabilidad de presentar ansiedad o depresión que aquellas que no la habían sufrido. También se observó mayor presencia de estrés, síntomas compatibles con trastorno por estrés postraumático y peor autoestima.

Especialmente preocupantes son los datos relacionados con el riesgo suicida. Algunas investigaciones incluidas en la revisión detectaron que las mujeres víctimas de este tipo de violencia presentaban mayor probabilidad de ideación suicida e incluso de intentos autolíticos. Además, los estudios cualitativos describen sentimientos persistentes de vergüenza, culpa, pérdida de control, aislamiento social y dificultades en las relaciones personales.

Aunque la evidencia sobre salud física es todavía limitada, algunos trabajos apuntan a un mayor consumo de medicación, más visitas a servicios de urgencias y peor percepción del estado de salud entre las mujeres afectadas. También se describen síntomas somáticos como dolores de cabeza o de espalda.

El estudio subraya, además, que en muchos casos la violencia digital no aparece aislada, sino que se suma a otras formas de violencia, lo que puede agravar sus consecuencias. Asimismo, destaca la escasez de investigaciones que analicen de forma específica el impacto exclusivo de la violencia sexual digital, lo que señala una línea prioritaria para futuras investigaciones.

Recomendaciones a luz de la evidencia científica

A la luz de estos resultados, que forman parte de la tesis doctoral de Vivian Benítez ‘Análisis de la frecuencia y características de la ciberviolencia sexual contra las mujeres’ las autoras plantean una serie de recomendaciones dirigidas especialmente a adolescentes y a su entorno cercano. En primer lugar, es fundamental no restar importancia a situaciones que ocurren en el ámbito digital. El daño emocional es real, aunque la agresión no se produzca en un espacio físico. En segundo lugar, se recomienda fomentar entornos de confianza en los que las chicas jóvenes puedan hablar sin miedo ni culpabilización si sufren este tipo de situaciones.

También resulta clave que familias, centros educativos y profesionales estén atentos a cambios bruscos en el estado de ánimo, aislamiento, ansiedad o abandono de actividades habituales, ya que pueden ser señales de que algo está ocurriendo en el entorno digital. Promover una educación afectivo-sexual que incluya el respeto en redes sociales y el uso responsable de la tecnología es otra medida preventiva esencial.

En palabras de las autoras principales Vivan Benítez y Guadalupe Pastor, “la revisión concluye que la violencia sexual facilitada por la tecnología no debe considerarse una forma ‘menor’ de agresión, sino una manifestación más de la violencia estructural contra las mujeres, con consecuencias claras sobre su salud”. “Visibilizar su impacto y actuar desde la prevención y el apoyo temprano constituye un paso imprescindible para proteger el bienestar de las generaciones más jóvenes” afirman las autoras.