La pobreza es un fenómeno multidimensional, relacionado con la educación, la alimentación, la salud, la seguridad, etc. Niñas y niños en hogares empobrecidos experimentan mayores desventajas sociales que sus iguales sin problemas económicos y peores resultados en diversos indicadores de bienestar infantil. En general son más vulnerables a las consecuencias de la pobreza, ya que están en pleno crecimiento sus capacidades cognitivas, emocionales, físicas y sociales. La pobreza y la privación material les perjudica en el presente y en el futuro, puede condicionar sus expectativas y su esperanza de vida.

En la última década (2008—2017) ha aumentado el riesgo de pobreza grave para las personas menores de 18 años en Andalucía y en España. Algunas circunstancias son determinantes para que ciertos niños, niñas o adolescentes tengan mayor riesgo de pobreza que otras personas de su edad. Vivir en hogares con desempleo o baja intensidad laboral, vivir en hogares monoparentales o en familias numerosas, tener padres o madres con bajo nivel de estudios o con nacionalidad extranjera son situaciones en las que se disparan las cifras de pobreza infantil, evidenciando las desigualdades económicas existentes para la infancia de nuestro país.