La Educación, determinante de la salud afectado por el COVID-19  

RECURSOS

Por: David Gómez, Jaime Jiménez-Pernett y Olga Leralta

 

La educación es una importante fuente de recursos sociales y psicológicos que influyen en el estado de salud de las personas y en la adopción de estilos de vida saludables. Quienes alcanzan un mayor nivel educativo tienden a preferir hábitos más saludables y a evitar los insalubres. Aunque no existe un único mecanismo por el cual la educación influye sobre la salud, se sabe que el sistema educativo juega un papel clave en el proceso de alfabetización en salud y puede ser un factor protector y corrector de desigualdades sociales en la infancia y adolescencia. Por ello, se hace necesaria una efectiva coordinación entre las políticas de salud y las políticas de educación, promoviendo la equidad.

La pandemia de COVID-19 interrumpió la escolarización en la mayoría de los países del mundo, con más del 90% de los estudiantes del mundo afectados por el cierre de escuelas nacionales y locales. En nuestro contexto andaluz, según los datos preliminares de la Consejería de Educación y Deporte, el alumnado que se ha visto afectado asciende a 1.500.265 alumnos y alumnas matriculados en enseñanzas de régimen general no universitarias durante el curso 2019-2020, un 74,2% en centros públicos. De ellos, un 23% cursaba Educación Infantil, 36,9% Educación Primaria, 26,6% ESO y 0,5% centros específicos y aulas específicas de Educación Especial. Desde el 13 de marzo de 2020 se cerraron los centros de estos niveles de enseñanza y se suspendió la educación presencial.

Como recoge UNICEF, la escuela va mucho más allá de la adquisición de conocimientos, más que tareas y exámenes. Cuando un centro educativo cierra, como ha ocurrido durante este curso académico, también se pierde un lugar de protección para la infancia; de compensación de desigualdades sociales y carencias familiares; de conciliación familiar-laboral y de relación, intercambio, enriquecimiento cultural y juego con los iguales. Esto genera lo que algunos llaman “ficción educativa”. Según Carlos Skliar, escritor y pedagogo, en una situación de extrema excepcionalidad, no se le puede pedir normalidad a la educación.

En esta entrada abordamos algunos aspectos asociados al cierre de los centros educativos. El paso de la educación presencial a la educación a distancia fue asumido por la comunidad educativa, que en mayor o menor medida ha tratado de resolver los problemas que iban surgiendo.

 

La digitalización y sus efectos durante la pandemia

La crisis del COVID-19 se ha desarrollado en un contexto de creciente digitalización en todos los ámbitos, y un incremento del tiempo de pantallas que dedican niñas, niños y adolescentes. El cierre de escuelas ha convertido el acceso al entorno digital en el protagonista de la educación, la socialización, el juego, el entretenimiento y la autoexpresión de niños y niñas. Según los datos disponibles sobre los efectos del confinamiento, ¼ de menores entre 3 y 12 años ha pasado 6 o más horas delante de pantallas (Confinamiento y salud en población infantil, Universidad del País Vasco). Diversos problemas surgen por el incremento del uso de Internet sin supervisión adecuada. Este contexto de hiperconexión conlleva una mayor exposición al uso abusivo de pantallas, al ciberacoso y otros riesgos asociados a Internet.

Respecto a la disponibilidad de herramientas digitales y conexión a Internet, el  89% de adolescentes en países de la OCDE tienen acceso a un equipo informático e Internet, aunque esta cifra desciende al 78% para aquellos en hogares de nivel socioeconómico más bajo. Además, en muchos hogares los dispositivos tienen un uso compartido entre los miembros de la familia.

Pero el mero acceso a la tecnología no garantiza el aprendizaje. Se requieren otros recursos y competencias tanto en el contexto familiar, como en el sistema educativo mismo.

 

© Oluwakemi Solaja on Unsplash

 

El papel de las familias en el aprendizaje a distancia

Con el cierre de centros educativos, la educación se vuelve más dependiente del entorno familiar, planteando problemas relacionados con la calidad del entorno físico del hogar, el acceso a la red, la disponibilidad de tiempo y conocimientos de las familias para apoyar el aprendizaje o, incluso, hacerse cargo de la función docente si las escuelas carecen de la capacidad de proporcionar docencia a distancia.

La calidad del ambiente de estudio en el hogar es crucial para el aprendizaje a distancia. Disponer de un escritorio y un lugar tranquilo para estudiar en casa, es requisito esencial. En este sentido, según la  , las condiciones de las viviendas donde se han confinado son peores en los niños y las niñas de hogares con mayor dificultad económica para llegar a fin de mes. En Estados Unidos, solo la mitad de adolescentes de las familias con el nivel socioeconómico más bajo tienen un escritorio y un lugar para estudiar.

La mayoría de madres y padres desconocen el currículo y las herramientas pedagógicas necesarias para apoyar el aprendizaje, sobre todo, en los cursos más avanzados. Esto supone una barrera añadida para madres y padres con menor nivel educativo. Por ejemplo, en los países europeos, ⅓ de personas migrantes tienen poco o ningún dominio de la lengua del país de acogida y en mayor medida sólo estudios primarios (11% frente al 5% entre adultos europeos). La OCDE anuncia que la “brecha educativa” tendrá efectos a largo plazo y puede terminar expulsando del sistema a parte del alumnado que no ha podido seguir el ritmo.

 

Desigualdades

El éxito educativo está sujeto a múltiples desigualdades. Las desigualdades en el aprendizaje se asocian al nivel de renta familiar y además de las competencias culturales que hemos mencionado, tienen que ver con el acceso de madres y padres a condiciones de trabajo respetuosas con la conciliación, tales como el teletrabajo y la flexibilidad para organizar la jornada laboral.

Ante el cierre de escuelas, niñas, niños y adolescentes de familias desfavorecidas pueden ver agravado su proceso aprendizaje, mientras que las familias con más renta pueden dedicar recursos y estrategias complementarias para que no exista esa pérdida. Estos estudios calculan que en un año escolar normal, con el “parón” de las vacaciones de verano, la diferencia puede alcanzar hasta un mes de retraso en el aprendizaje. La OCDE asume que durante la pandemia este efecto de “6 meses” sin ir a la escuela puede ser devastador para muchas familias, salvo que reciban apoyo, señalando un desafío mayor para asegurar la equidad educativa.

Por otro lado, la pérdida del hábito de ir a la escuela y de concentrarse en el aprendizaje, puede provocar un aumento del absentismo escolar e incluso del abandono entre el alumnado en contextos de exclusión social.

El alumnado con necesidades educativas especiales ha sido uno de los grupos más vulnerables ante el escenario de la educación online. En muchos casos carece de un entorno tecnológico fácil de usar y entender, dado que la mayoría de recursos tecnológicos están diseñados sin tener en cuenta las dificultades de comprensión de las personas con discapacidad intelectual (accesibilidad cognitiva). Estas dificultades se suman a la ausencia de la red de recursos de apoyo que suelen estar a su disposición en los propios centros educativos o especializados. Esto ha tenido también un mayor impacto en la conciliación familiar y laboral en estas familias.

 

La respuesta

En un contexto de gran complejidad por la diversidad competencial, los sistemas educativos están ahora concretando la mejor manera de organizar la reapertura de las escuelas, ante un futuro incierto en el que nuevas oleadas de contagio puedan afectar al normal funcionamiento de los centros educativos. Organismos internacionales y de nuestro ámbito (UNICEF, OCDE, Asociación Española de Pediatría y Save the children) han realizado propuestas en las tres áreas que hemos presentado, para garantizar el derecho a la educación sin dejar a nadie atrás, como son:

 

Digitalización

Desarrollar plataformas digitales de enseñanza centralizadas por las administraciones educativas que garanticen homogeneidad, calidad de acceso, lucha contra el absentismo, protección de los datos personales y ciberseguridad del alumnado, profesorado y centro educativo.

  • Desarrollar un programa de enseñanza a distancia de emergencia con materiales digitales online y reforzado por emisiones en medios de comunicación de masas.
  • Apoyar al profesorado con formación sobre diseño y docencia con herramientas digitales y metodologías de educación a distancia.
  • Apoyar la investigación en el campo de la formación del profesorado, la producción de contenido didáctico para el aprendizaje a distancia que vaya más allá de recursos online.

 

Papel de las familias

  • Ayudar a madres, padres y tutores, a través de tutorías o sesiones, para apoyar el aprendizaje en casa, especialmente para quienes generalmente no están muy involucrados en el trabajo escolar de sus hijas e hijos.
  • Asegurar una buena comunicación entre escuelas y familias sobre lo que se puede hacer para apoyar en casa, sobre el proceso de aprendizaje y sobre las actividades que las familias podrían desarrollar durante su tiempo libre.
  • Brindar apoyo específico a las familias que no tengan las habilidades lingüísticas o técnicas que requiere el aprendizaje a distancia.

  

Equidad

  • Proporcionar apoyo específico y recursos de aprendizaje al alumnado en riesgo de exclusión a través de un contacto y un seguimiento más exhaustivo, la distribución de dispositivos digitales a familias que no pueden hacer frente a ese gasto, no tienen acceso a Internet o carecen de material educativo.
  • Implementar programas de apoyo escolar a lo largo del curso para familias con alumnado que lo requiera, prestando especial atención a las más vulnerables.
  • Desarrollar programas de apoyo y orientación a las transiciones educativas por medio de la acción tutorial específica.
  • Reforzar los equipos de Psicología Terapéutica, Audición y Lenguaje y Orientación Educativa para proporcionar una atención integral, más allá de los resultados académicos, al alumnado en situación de riesgo por presentar necesidades educativas especiales, problemas de integración y/o aprendizaje o padecer una enfermedad crónica o psicológica; miembros de familias monoparentales sin red de apoyo social o con incompatibilidad de horarios con el trabajo; en situación de precariedad económica familiar, pobreza tecnológica o de cualquier otro tipo; posibles víctimas de maltrato o violencia en el entorno familiar o escolar.
  • Abordar las necesidades de salud mental y apoyo psicosocial de la comunidad educativa en su conjunto y, en especial, atender el posible impacto emocional, en la conducta y en el aprendizaje que haya podido producir en el alumnado las medidas tomadas para combatir la pandemia.
  • Reforzar contenidos y desarrollo de competencias relacionados con la educación para la salud.
  • Promocionar hábitos higiénicos entre el alumnado y el resto de personal del centro educativo.
  • Prevenir y luchar contra la estigmatización y la discriminación que conlleve a prejuicios y exclusión de quienes hayan estado expuestos al virus.
  • Elaborar un programa de seguimiento educativo para niños, niñas y adolescentes tutelados.
  • Utilizar otros modos de entrega de los materiales. Elaborar y distribuir contenidos educativos para trabajar en casa que no dependan del uso de Internet ni dispositivos electrónicos.
  • Proporcionar material específico y apoyo pedagógico a las familias que no dispongan de medios necesarios o con hijos e hijas con necesidades especiales, que son especialmente difíciles de atender a través de programas de educación a distancia.
  • Desarrollar planes comunitarios específicos para garantizar apoyos al proceso de aprendizaje fuera de las instalaciones del centro educativo.

 

En definitiva…

En el escenario complejo y absolutamente excepcional provocado por la crisis del COVID-19 han jugado un importante papel las decisiones tomadas por los propios centros educativos y la buena voluntad de los docentes, tuvieran o no, competencias digitales suficientes para afrontar el “salto al vacío” de la educación a distancia. Pero, sobre todo, han sido las familias las que han llevado el peso de la formación de sus hijos e hijas, en condiciones muy adversas: sin recursos ni formación, sin apoyo de otros adultos, intentando mantener su nivel de ingresos, conciliando como han podido la actividad laboral, tanto en casos de trabajo presencial como de teletrabajo.

© Oluwakemi Solaja on Unsplash

Con la mirada puesta en septiembre, los beneficios de la reapertura de los centros educativos son evidentes en una triple dirección: educativa, social y económica. Como afirman UNICEF y la AEP, la reincorporación presencial a los centros escolares se debe realizar en condiciones de igualdad de oportunidades, en cumplimiento del derecho que tienen niños, niñas y adolescentes al aprendizaje y a la socialización. Ambas son necesidades básicas para su desarrollo, contempladas en la Convención de los Derechos del Niño (CDN). El alumnado que ya tenía dificultades de integración en el sistema educativo, por problemas de salud, necesidades educativas especiales o estar en riesgo de exclusión, requerirá un apoyo especial para fortalecer su adherencia al sistema educativo.

Pero “la vuelta al cole” no debe hacerse a cualquier precio. Los centros educativos, junto a los centros de trabajo y los transportes públicos, pueden ser uno de los principales contextos de transmisión del virus. Por tanto, para garantizar el derecho a la educación debemos también proteger la salud como otro derecho fundamental. Bajo un liderazgo político dialogante, la sociedad en su conjunto, debe contribuir a que ambos derechos se puedan ejercer con equidad.

 


Para saber más

 

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