Análisis comparativo del control de la pandemia de COVID-19. Parte II: Nueva Zelanda y Australia

RESEÑA

Por: Luis Guerra Romero

 

Introducción

Este artículo, continuación de la Parte I, recoge la información de dos países de Oceanía, Nueva Zelanda y Australia. Se recomienda la lectura de la introducción en la que se detallan los objetivos, la metodología, las limitaciones, etc., en el caso de iniciar la lectura del análisis comparativo por estos dos países.

 

 

Comentarios críticos

Nueva Zelanda

Nueva Zelanda es un país con dos islas principales, aislado en medio del Océano Pacífico, con una población inferior a 5 millones de una baja densidad de población y que dispone de 4 aeropuertos internacionales.

Tuvo el primer caso importado el 28 de febrero, es decir un mes aproximadamente después de los primeros casos en la mayoría de los países europeos, lo que en mi opinión, ha sido clave muy afortunada para aprender de otros y establecer a tiempo las medidas de control. Su primer caso autóctono lo tuvo el 5 de marzo y a fecha 14 de mayo ha tenido 1.147 casos, siendo la transmisión comunitaria inferior al 30%. Ha tenido un 7,5% de casos en sanitarios, una cifra elevada, en mi opinión, pues, obviamente, debiera ser del 0%.

Las medidas de prevención han sido muy exitosas utilizando los medios tradicionales de control, es decir, diagnóstico de los casos sospechosos, estudios de contacto, aislamientos y cuarentenas. A menos de un mes del diagnóstico el primer caso, es decir el 25 de marzo, se estableció el máximo nivel de control (4), habiendo tenido una subida progresiva de los niveles en los cuatro días previos. Este máximo nivel se implantó cuando solo tenían 205 casos.

La estructura y funcionamiento de la Salud Pública del país, con un responsable final único y una buena coordinación ha logrado un éxito incuestionable. El sistema sanitario asistencial lógicamente no ha estado sobrepasado en ningún momento en sus requerimientos de atención médica. La mortalidad ha sido del 1,8% de los casos con infección.

El confinamiento ha afectado a toda la población salvo aquellas personas que realizaban trabajos especiales, permitiéndose salidas para hacer ejercicio, compras, etc. La respuesta social ha sido de una notable cohesión, fruto del crédito de la población hacia las instituciones y de confianza entre los propios ciudadanos. Esta actitud evoca a la caracterización del pueblo kiwi con el sustantivo de fairness, que según David H. Fisher, historiador estadounidense gran conocedor de Nueva Zelanda, incluye muchos significados como rectitud, justicia, integridad, honestidad, franqueza e imparcialidad.

El Gobierno ha tenido una gran aprobación ciudadana y la oposición ha sido leal. En una encuesta de satisfacción por la gestión de la pandemia, el 88 % de los encuestados apoyaban las medidas tomadas y expresaban su reconocimiento a su primera ministra, Jacinda Ardern, que ha sido muy valorada por su capacidad de liderazgo, comunicación, transparencia y empatía por todo el mundo.

En resumen, de la misma forma que concluíamos para las “islas” de Taiwan y Corea del Sur, Nueva Zelanda ha contado con un conjunto de variables muy favorecedoras de la buena evolución de la epidemia. El empleo de los medios habituales de control y prevención, un sistema sanitario bien coordinado en sus dos ramas de la salud pública y la asistencia médica, una sociedad colaboradora y un gobierno con una líder muy valiosa. Todo ello ha doblegado con precocidad y efectividad esta pandemia.

 

Australia

Australia es un continente o una “isla” de enorme tamaño (a efectos de aislamiento, tal como se comenta para Taiwán, Corea del Sur y Nueva Zelanda), de alrededor de 14 veces la superficie de España, con una baja población proporcionalmente, de 25,5 millones de habitantes. Tiene un régimen político de Confederación, compuesta por 6 Estados, dos Territorios Continentales y otros insulares. Dispone de 7 aeropuertos internacionales.

El primer caso se diagnosticó el 25 de enero, al tiempo más o menos de lo que ocurrió en los principales países europeos, y el primer caso autóctono una semana después. A fecha 14 de mayo el país ha tenido un total de 6.989 casos, la transmisión comunitaria ha sido de un 36% y se ha estimado que un 3,4% de los casos se han dado en profesionales sanitarios, algo menos que el porcentaje de sus vecinos de Nueva Zelanda.

Las medidas de diagnóstico de los casos, de los estudios convencionales de contacto y el establecimiento del distanciamiento social se han hecho de una forma adecuada, en mi opinión. La primera medida de control de fronteras fue ya unos días antes de haberse diagnosticado el primer caso, siendo iniciadas en el aeropuerto de Sidney. Posteriormente, las medidas en las fronteras fueron ampliándose progresivamente para hacerlas más restrictivas.

Dada la estructura federal del país se ha tenido que hacer un notable esfuerzo de coordinación para el establecimiento de las medidas de control y prevención; en este sentido se han desarrollado unas normas por el Gobierno Federal y otras por los Estados. El llamado Gabinete Nacional de Crisis ha sido el instrumento de la máxima categoría de coordinación a nivel político, un instrumento que no había sido puesto en marcha desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque ha habido algunas situaciones de descoordinación, el mecanismo está funcionando adecuadamente.

El 1 de febrero se prohibió la entrada de viajeros de China continental y se empezó a requerir a los ciudadanos australianos y a los residentes la realización de cuarentena de dos semanas, ampliándose progresivamente las medidas restrictivas para la entrada al país. El 2 de febrero el primer ministro activó el Plan de Emergencias Sanitarias y el 13 de marzo se crea el citado Gabinete, compuesto por representantes del máximo rango del Gobierno central y de los gobiernos de los Estados. El Gabinete empezó rápidamente a establecer mayores medidas de control, así entre el 22 de marzo y finales de ese mes se pusieron en marcha las medidas de confinamiento a escala nacional, además de reforzar las medidas de distanciamiento social. Todo este conjunto de medidas se desarrolló en algo menos de 2 meses desde la identificación del primer caso y cuando el país tenía poco más de 1.000 casos.

El Gobierno central ha sido criticado en ocasiones por dar mensajes contradictorios. Un fallo notable de falta de coordinación entre los gobiernos Federal y del Estado de Nueva Gales del Sur, permitiéndose el desembarco de pasajeros de un crucero. En relación con este tema, Australia ha tendido que gestionar las medidas de control de grandes de cruceros en diversos puertos, con casos confirmados (sometidos a aislamiento) y otros miles de personas que continuaron con cuarentenas ya iniciadas antes de las correspondientes llegadas a los puertos.

El sistema sanitario asistencial ha funcionado correctamente, siendo la mortalidad de un 1,4%.

Respecto a las restricciones de libertades públicas han consistido en las habituales medidas de confinamiento a un nivel nacional, con las notables limitaciones a la movilidad y la obligatoriedad de las estancias en domicilio. A veces las medidas de distanciamiento social no han sido unánimemente respetadas. La respuesta ciudadana ha sido de bastante unión y positiva, en mi opinión, salvo por algunos hechos aislados de racismo frente a residentes de origen asiático.

En resumen, Australia ha manejado la pandemia bastante bien. Ha tenido las dificultades propias de ser un país muy grande, con una estructura federal que ha tenido que hacer un gran esfuerzo para lograr la máxima coordinación, habiendo existido ciertas fricciones en los niveles políticos y algunos hechos desafortunados de falta de trabajo en común. Otro hecho adverso fue que la llegada del primer caso fue al mismo tiempo que en Europa, casi un mes antes de lo que ocurrió en Nueva Zelanda (su país vecino a efectos sociales, aunque no tanto geográficamente) por lo que no pudieron disponer de las lecciones que Nueva Zelanda fue aprendiendo de Europa y de Australia. A pesar de estos problemas, el control de la pandemia está siendo adecuado en los aspectos de Salud Pública y asistencia médica, y la sociedad muestra una buena cohesión frente a la misma. Las medidas de confinamiento han sido más laxas que las establecidas en Nueva Zelanda, con muchas tiendas que han continuado abiertas, al igual que colegios y guarderías.

 

 


Nota del autor. Mi agradecimiento a la revisión del artículo a dos de mis familiares, Ana que vive en Australia y trabaja en Salud Pública, y a Marta, que vive en Nueva Zelanda.

 

Luis Guerra Romero es Exdirector de la Fundación de Investigación del Hospital Ramón y Cajal y exdirector de la Escuela Nacional de Sanidad (lnstituto de Salud Carlos III). Médico jubilado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.