Control de la Covid-19, ¿qué hacer después del verano?

RESEÑA

Por: Luis Guerra Romero* 

 

El objetivo conjunto de los países de la Unión Europea respecto a la vacunación frente a la Covid-19 es claro: tener al 70% de la población vacunada después del verano, con las prioridades establecidas según los riesgos de los diferentes grupos de población. La pregunta que planteo en este artículo obedece a que creo que apenas hay un debate científico y público en nuestro medio, sobre una estrategia de prevención y control de la Covid-19. Mi propuesta es que se debería tener una visión explícita a medio y largo plazo, integrada, no solo a corto plazo sobre el beneficio incuestionable sobre las vacunaciones. Antes analicemos unos antecedentes relevantes y revisemos unos elementos clave que nos faciliten la elaboración la respuesta.

 

Antecedentes: estrategias de eliminación de la Covid-19

Entre los países con un notable éxito en el control de la Covid-19 es Nueva Zelanda del que se dispone de una mayor información en la literatura médica, siendo también objeto de frecuentes artículos de la prensa de divulgación científica. Su primer caso se diagnosticó el 28 de febrero de 2020 y las diversas medidas de control, incluido el control estricto de las fronteras y el confinamiento (lockdown), se pusieron en marcha muy rápidamente. A las pocas semanas, en los primeros días de abril, era ya de dominio público la estrategia explícita de eliminación, como el objetivo oficial del gobierno (1; referencias seleccionadas). La base inicial para elaborar la respuesta fue el plan de control de la pandemia de gripe, disponible con anterioridad (un plan existente en prácticamente todos los países, elaborado con el respaldo de la OMS y cuyas características revisaremos luego). Sin embargo, muy rápidamente se cambió de objetivo estratégico: de una contención de la epidemia a una meta mucho más ambiciosa, la eliminación de la Covid-19.

 

 

Los elementos a destacar de esta estrategia neozelandesa, según el plan oficial referido y un editorial de M. Baker y cols. (1) son:

  1. La consideración de los grandes efectos negativos que sufriría el país si no se pusiese en marcha una estrategia radical: gran carga de morbimortalidad, colapso del sistema sanitario e incremento de las inequidades en salud.
  2. El conocimiento de que los objetivos de retrasar la llegada de casos y “aplanar la curva” estaban ya fracasando en Europa y América del Norte, con resultados muy desfavorables.
  3. La acertada y precoz consideración de que la Covid-19 no era como la gripe, ni en su biología, ni en su curso natural ni en su epidemiología.
  4. La política bien conocida de “Hit hard and early”, se caracteriza por su énfasis en controlar precozmente y en el máximo grado posible la introducción de casos importados, prevenir la transmisión local o comunitaria de la infección con medidas muy intensivas, y cuando ésta pudiese ocurrir, controlarla de forma muy inmediata y con todos los medios disponibles. Este objetivo es conceptualmente muy distinto al de la estrategia de mitigación o contención, en la que siempre se ha ido “por detrás del virus”, implementándose gradualmente unas medidas incrementales de menor a mayor intensidad, en función de la importancia de las epidemias de cada país o lugar. Si la meta es la eliminación hay que radicalizar el orden de la introducción de las medidas de control, muy intensas y en los momentos iniciales.

Desde abril del pasado año he venido escribiendo una serie de artículos en este Blog, a los que remito al interesado (2), en concreto, a la exposición de lo que llamaba “variables favorables” al buen control de la Covid-19 en varios países: algunos países exitosos tenían y tienen varias circunstancias que les facilitaban tal resultado, cuando se los comparaba con los europeos y americanos del norte. Los que lo están haciendo muy bien desde hace un año, es obvio que lo tenían más fácil.

La estrategia inicial de Australia apuntaba inicialmente a una de contención, pero también pasó enseguida a una política de control intensivo, que ha sido denominada de “supresión agresiva”, según la información del gobierno en julio de 2020 (3). Por entonces, cuando aún no estaban disponibles las vacunas, se mantenía la posición de que la verdadera eliminación solo se conseguiría sumando la efectividad de las futuras vacunas a las medidas no-farmacológicas implantadas. Al ser Australia un país con una estructura política de federación, las provincias han ido teniendo algunas diferencias en el establecimiento de sus medidas de control y prevención, más o menos intensivas, y presentes entre los expertos en salud pública y enfermedades infecciosas y también entre los líderes políticos (liberales y laboristas). A pesar de estos matices, la estrategia australiana en conjunto podría ser bastante cercana cualitativamente a la de la eliminación, establecida por Nueva Zelanda.

M. Baker, considerado como “principal autor intelectual” de la estrategia neozelandesa, y otros científicos de Australia han publicado varios artículos (4), de los que destaquemos el más reciente, de hace menos de 2 meses, en el British Medical Journal, en el que la propuesta de eliminación da un salto muy importante: de ser la estrategia de estos dos países de Oceanía a un ámbito global, y sus autores instan a su consideración por la OMS como una política mundial desde 2021.

Hay otros países de Asia cuyas experiencias de control de la Covid-19 está siendo muy exitosas desde sus inicios, pero que apenas están en el dominio público y cuyos desarrollos están casi ausentes en la bibliografía científica, lo que dificulta ser estudiadas de modo detallado. Sin embargo, las epidemiologías de la infección son bien conocidas al estar recogidas en plataformas mundiales y todos han desarrollado políticas de eliminación, reconocidas internacionalmente y por la OMS. Nos referimos a Laos, Camboya, Vietnam y Taiwán. Otros países, como Corea del Sur, Japón, Singapur o Hong Kong, con peculiaridades en sus epidemias respectivas y en sus programas de prevención y control, no tienen resultados tan uniformemente favorables, por lo que no los consideraremos ahora como “prototipo” de este objetivo radical.

 

©Jeremy Stenuit para Unsplash

 

Finalmente aludamos a China. La epidemia de este enorme país tiene unas características epidemiológicas, de medidas de salud pública, de contenidos sociales y connotaciones políticas, etc. tan especiales, que requeriría unos artículos específicos sobre “su” Covid-19. Este hecho se complica aún más por la cierta desconfianza occidental hacia sus sistemas de información. Lo que es indudable y relevante aquí es que sus políticas de control de la pandemia, tan estrictas e intensivas, pueden ser incluidas como otro ejemplo de estrategia de eliminación de la pandemia.

Revisemos unos mínimos datos epidemiológicos para poner un contexto cuantitativo este artículo, de la plataforma Ourworld covid-19, con el número de casos confirmados acumulados por millón de habitantes (27 de febrero 2021): Nueva Zelanda: 493; Australia: 1136; Laos: 6; Vietnam: 25; Taiwán: 40; Camboya: 48; China: 70. España: 68.197; Portugal: 78.834; Francia: 57.409; Italia: 48.094; Alemania: 29.172; Gran Bretaña: 61.615; y Estados Unidos: 86.267.

 

Mitigación frente a eliminación

Mitigación

La estrategia de mitigación es la clásica de los programas de control y prevención de la gripe. Dada la referencia a la misma de manera muy consistente durante la pandemia de COVID-19, vamos a revisar los documentos básicos de la OMS sobre esta estrategia (5), en sus formas pandémica y epidémica, y seleccionar los elementos esenciales.

La “Estrategia Mundial contra la Gripe 2019-2030” tiene los objetivos siguientes: 1. Reducir la carga de la gripe estacional; 2. Minimizar el riesgo de gripe zoonótica; y 3. Reducir el impacto de la gripe pandémica. Se enfatiza que la vacunación es actualmente la mayor intervención para prevenir y reducir el impacto de la gripe.
Del documento Non-pharmaceutical public health measures for mitigating the risk and impact of epidemic and pandemic influenza, recogemos su objetivo de disponer de “planes para mitigar el impacto de las epidemias y pandemias de gripe, apoyar el desarrollo y actualización de los planes nacionales para que su implementación mitigue los efectos de las mismas sobre las comunidades reduciendo la transmisión de la infección”. Este documento viene avalado por una revisión sistemática de las evidencias disponibles, destacando que la estrategia más efectiva es la reducción de contactos entre las personas infectadas y las no infectadas, de tal forma que se reduce la expansión de la infección, el pico de la demanda de camas hospitalarias, y el número total de casos, hospitalizaciones y muertes. Pone de manifiesto que las medidas de distanciamiento social (rastreo de contactos, aislamiento, cuarentenas, medidas de contención y/o cierre de escuelas, lugares de trabajo y eventos multitudinarios) pueden ser muy “disruptivas” (literalmente), por lo que su impacto potencial debe equilibrarse con sus posibles efectos adversos.

Los otros dos documentos estratégicos seleccionados, Pandemic influenza preparedness framework, y La gestión de riesgos ante una pandemia de gripe, abundan en las mismas referencias conceptuales, cuyos objetivos están captados por los términos de mitigación, reducción y contención. En definitiva, la meta estratégica es atenuar el riesgo y sus consecuencias, respondiendo a una visión: Attainment of the highest possible influenza prevention, control and preparedness to safeguard the health of all people; y a una misión: WHO, countries and partners collaborate to optimize and align global and national capacities for prevention, rapid detection and response, to reduce the burden and impact of seasonal, zoonotic and pandemic influenza.

 

Eliminación

La estrategia de eliminación de Nueva Zelanda, con sus elementos clave ya referidos, es elegida por ser paradigmática del control y prevención de la COVID-19 en cuanto a su éxito. Un editorial muy reciente (5, del 5 de febrero de este año), de A. Bloomfield, su Director General of Salud, que actualiza la estrategia del país, detallando los aspectos esenciales de su éxito: una base científica fuerte, un proceso rápido a nivel político de toma de decisiones, una campaña constante y potente de comunicación con la sociedad, una escalada rápida de realización de pruebas y rastreo de contacto, una respuesta excelente del sector sanitario público y una gestión efectiva de las fronteras (incluye el operativo de unas 30 instalaciones de aislamiento y cuarentena. Las grandes tareas para este año 2021 para su país, indica Bloomfield son dos: mantener el país libre del virus, y vacunar al máximo posible de población. Insistamos en el lema “Hit hard and early». La meta de eliminación se distancia marcadamente del de la mitigación, reducción o contención frente a la gripe pandémica, según Bloomfield. En los antecedentes destacábamos el artículo BMJ, en el que sus autores dan un salto muy notable, proponiendo que la estrategia de eliminación de estos dos países sea valorada para un ámbito global, e invitan a la OMS para su consideración como una política global. Aconsejo al interesado la lectura del artículo original y de un artículo de divulgación en The Guardian del 28 enero firmado por Baker y M. McKee, profesor de la London School of Hygiene and Tropical Medicine.

Es interesante recordar en este contexto un par de temas relacionados. Uno sobre las enfermedades con programas de eliminación, según las declara OMS, tales como el sarampión, la rubeola, el cáncer de cuello uterino y el tracoma. Y el segundo aludir a otra definición propia del control y prevención de las enfermedades transmisibles, la “erradicación”. Es la existencia de ningún caso nuevo (“reducción a cero” casos) de una forma permanente y mundial, debido a unos esfuerzos deliberados para que así sea. Sólo ha ocurrido hasta ahora en el ser humano con la viruela, y con la peste bovina en la medicina veterinaria, y en ambos casos a través del uso de las vacunas correspondientes. Y estamos en el proceso de erradicación de la poliomielitis y de la dracunculiasis.

 

Argumentos a favor de una estrategia generalizada de eliminación y barreras/dificultades para su implantación

La Covid-19 es hasta ahora la única infección transmisible infecciosa que está siendo eliminada en varios países con intervenciones no-farmacológicas, un gran hito de la salud pública. Tras la revisión de la bibliografía citada y con mi propia elaboración, propongo para debate los siguientes puntos a favor de esta meta:

 

Beneficios en salud individual y colectiva

  • Se salvan vidas.
  • Disminuye la morbilidad por la Covid-19, incluidas las diversas afectaciones crónicas por la infección.
  • Se alivian comorbilidades, sean unas debidas directamente a la Covid-19, como los trastornos de salud mental, u otras como una disminución muy notable de diversas infecciones respiratorias agudas, especialmente la gripe estacional y la debida al virus respiratorio sincitial.

 

Beneficios para los sistemas sanitarios y los programas de control y prevención

  • Se reduce muy notablemente la sobrecarga del sistema asistencial y por supuesto su colapso.
  • Es posible una política de eliminación incluso después de brotes importantes de transmisión comunitaria (ejemplos de Wuhan-China y Victoria-Australia).
  • Se minimizan los confinamientos, en su duración y/o intensidad.
  • La efectividad de las medidas convencionales no-farmacológicas de control del virus no se afectan, en buena medida, por el desarrollo de mutaciones que aumenten la transmisibilidad y/o la virulencia de las variantes virales.
  • Se dispone de más tiempo para la futura identificación de las estrategias más beneficiosas a largo plazo, y la adquisición de conocimientos para el control de futuras pandemias.
  • La pandemia de Covid-19 es una oportunidad singular para analizar y fortalecer los sistemas de salud pública de todos los países y un estímulo para trabajar multilateralmente en pro de la salud global.

 

Beneficios económicos, sociales y políticos

  • Se reducen los daños económicos. El debate entre sacrificar la economía o salvar la salud es una dicotomía falsa, en opinión de los expertos en Ciencias Económicas y Sociales. Desde luego parece evidente que en los países que han optado y mantienen una estrategia de eliminación, el impacto de la pandemia en sus PIB, según el Fondo Monetario Internacional, ha sido menos desfavorable que en los que no la han seguido.
  • Según los expertos neozelandeses, disminuiría las inequidades en salud y los daños sociales (aumento del desempleo y la pobreza, etc.) de la pandemia, más aún si se ponen en marcha programas específicos dirigidos a estas metas.
  • Aporta una meta muy clara, lo que puede facilitar la motivación para el impulso de la estrategia y el beneficio de una coordinación óptima entre múltiples instituciones, autoridades sanitarias y políticos en general.

 

Beneficios de las vacunas

Desde luego las vacunas requieren un subapartado propio, independiente de los tres anteriores. Ya hemos aludido a que la vacunación frente a la gripe es actualmente la mayor intervención para reducir el impacto de la gripe en la salud y en la economía, y que el gran logro de las dos únicas infecciones erradicadas (no eliminadas sino erradicadas), la viruela y la peste bovina, se ha logrado mediante la vacunación.

Las vacunas frente a la Covid-19 están siendo una auténtica revolución de la I+D biomédica, un gran hito de colaboración científica y un esfuerzo notable de partenariado internacional y público-privado. En el lado negativo está la constante protección de la propiedad industrial, el desequilibrio entre la inversión pública y la de las empresas farmacéuticas para su desarrollo, el lucro de las multinacionales y la inequidad mundial de su acceso y uso. Este último aspecto ha sido definido como “un fracaso moral catastrófico mundial”, por el Director General de la OMS.

La elevada eficacia de las vacunas disponibles, que hasta ahora han pasado el escrutinio de las agencias reguladoras, es muy notable y su muy positivo balance beneficio-riesgo es un grandísimo logro. Y hay más vacunas en fases menos avanzadas de desarrollo clínico y preclínico. La valoración de la eficacia se está haciendo a través de sus resultados en la reducción notable del número de casos, en la bajada de formas graves y la gran caída de la mortalidad por Covid-19. El impacto directo de las vacunas aprobadas sobre la disminución de la transmisión viral aún es prácticamente desconocido, pues no es el objetivo primario de evaluación de la eficacia de las mismas.

La efectividad poblacional de las vacunas está ya empezándose a conocer (Israel, Escocia y otros) y seguro que va a impactar muy favorablemente en la prevención de la pandemia. Los conocimientos sobre este aspecto son por supuesto muy relevantes y están empezando a estar disponibles. El efecto protector frente al contagio es muy plausible desde el punto de vista de la biología de las enfermedades transmisibles, en base a lo que se conoce de otras infecciones y al efecto favorable de las vacunas frente a ellas, tanto de beneficio individual como colectivo. Desde luego va aportar una extraordinaria sinergia con las medidas no-farmacológicas en los países que han apostado por la eliminación y una gran oportunidad para iniciar esta estrategia en los que quisiesen apostar por ella.

La aparición de variantes o nuevas cepas virales con mutaciones que originen una mayor transmisibilidad del virus y/o virulencia del mismo son eventos naturales y esperables de la biología evolutiva al ser seleccionados por diferentes presiones: las defensas inmunitarias, los fármacos o las vacunas. La información disponible sobre el desarrollo de las vacunas indica que la producción y manufactura de nuevas vacunas —con las mismas bases biológicas de las ya existentes— adaptadas a las variantes que surgen, es bastante alentadora. Se están generando ya nuevas vacunas frente a las variantes virales que tengan un mayor efecto deletéreo.

El impacto futuro de las vacunas va a proporcionar tiempo para impulsar al máximo las medidas de control que se han infrautilizado en muchos países, por ejemplo, los estudios de rastreo de contactos y los aislamientos y cuarentenas correspondientes. Es este un beneficio de gran valor, pues la suma de los resultados de las medidas no farmacológicas y las vacunas va a impactar muy favorablemente la epidemiología de la infección. Además, va a disminuir la “carga viral circulante” en la comunidad, lo que muy verosímilmente causará una disminución notable del riesgo de aparición de mutaciones de resistencia, sean más transmisibles o más virulentas.
Partiendo de la gran situación de ventaja de unas vacunas muy eficaces, y asumiendo que progresivamente no habrá problema de disponibilidad/provisión ¿hasta dónde va a llegar la administración de vacunas? ¿Nos quedamos con el objetivo de cobertura vacunal del 70% de la población, al final del verano? ¿Nuestra meta como país es lograr la tan traída y llevada –y mal empleada conceptualmente- inmunidad de rebaño? Si en una estrategia de eliminación establecemos que el objetivo es vacunar a toda la población, exceptuando a los escasísimos casos en los que hoy está contraindicadas las vacunas, ¿lo conseguiríamos?
Barreras y dificultades para la implementación de una estrategia de eliminación
Desde un punto de vista técnico es preciso establecer una definición estándar sobre el término “eliminación”, algo que no es difícil, pues ya existe incluso una propuesta de definición provisional, alineada con el objetivo que hemos descrito (4, articulo BMJ).

La experiencia de los países con resultados favorables con medidas no-farmacológicas se basa en llevar a cabo de forma muy rigurosa las medidas convencionales de control y prevención. No valen los atajos. Las claves referidas de éxito frente a la Covid-19, en opinión del director general de salud de Nueva Zelanda, son muy claras (bases científicas robustas, decisiones políticas rápidas, comunicación constante y aceptación social, respuesta excelente del sector sanitario público y gestión efectiva de fronteras). ¿Tenemos nosotros u otros países occidentales estos elementos a punto? ¿Apostaríamos por una política semejante? ¿Qué limitaciones a la misma podríamos revertir? ¿Hay margen para ser mucho más incisivos en algunas?

Los países que están sufriendo el azote de la “tercera ola” de la enfermedad, sus responsables sanitarios, sus expertos, probablemente vean con mucho escepticismo la estrategia de éxito de unos países con variables favorecedoras al buen control de la Covid-19. Entre estas destacan la situación geográfica que facilita el control estricto de sus fronteras (Nueva Zelanda y Taiwan son islas, Australia es un continente-isla), la escasa relevancia socioeconómica internacional (Cambodia, Laos, Vietnam, etc.), las lecciones aprendidas con las epidemias previas de SARS y MERS en varios, e incluso las peculiaridades de las culturas asiáticas orientales. Desde luego estas objeciones son de peso por parte de los países occidentales, pero la gran crítica a estos argumentos es China. No hay duda de que un país grande, muy poblado y con una notable relevancia socioeconómica está doblegando la pandemia con una estrategia de eliminación. Es la fuerza de los hechos lo que debe formar parte de esta discusión que promovemos.

La objeción del daño de la pandemia sobre la economía va a estar siempre presente y es de envergadura. El debate de sacrificar la salud para salvar la economía ha de tener más rigor en su análisis. El balance salud-economía debe llevarse al terreno de los conocimientos empíricos y evitar su contaminación con especulaciones de base ideológica. Sin duda este tema es central en las medidas que han tomado y siguen tomando los diferentes países, sea dando más peso a la protección de la salud de sus ciudadanos en la balanza de las decisiones, sea primando la economía en base a implantar medidas de control social (menos intensivas y/o prolongadas) por su supuesto impacto menor a corto plazo.

La opinión de la comunidad científica, según una encuesta publicada el 18 de febrero en Nature, es que casi el 90% de los que la respondieron, creía que la infección por coronavirus se transformaría en una forma endémica en los próximos años, produciendo brotes de manera global. La pregunta que yo haría, sería ¿de cuánto tiempo estamos hablando? Es muy distinto abogar por un horizonte epidémico de 2-3 años (por ejemplo), manteniendo a escala mundial unas medidas estrictas de control junto con unos programas ambiciosos de vacunación (que se podría denominar de eliminación a medio plazo), que considerar un escenario endémico como el de la gripe.
La excelente efectividad de las vacunas, es la piedra angular, la gran fortaleza para apostar por políticas de éxito para la eliminación de la COVID-19. Sin embargo, puede transformarse en una barrera si las coberturas vacunales son reducidas. A grandes rasgos, este problema tiene tres aspectos. El primero es la aparición de variantes virales que dificulten el control. El segundo es que los países de renta media o baja tienen, al menos hasta ahora, un acceso a las vacunas muy reducido. El Secretario General de Naciones Unidas, A. Guterres, ha criticado recientemente que la distribución mundial de las vacunas es desigual e injusta; A. Merkel ha dicho «la pandemia no puede darse por vencida hasta que la población de todo el mundo reciba la vacuna»; y la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha afirmado que “solo estaremos seguros si todo el mundo lo está”. Varios dirigentes promueven la idea de que la vacuna es un “bien público mundial”. Finalmente, el tercer aspecto, más relevante para los países occidentales, es sobre la influencia que el movimiento “antivacunas” pueda tener en las coberturas vacunales. ¿Qué debate debemos propiciar, qué argumentos y qué políticas establecer para disminuir estos tres problemas?

 

Conclusiones

La Comisión Lancet COVID-19 fue iniciada en julio de 2020 para apoyar a los gobiernos, a la sociedad civil y a las instituciones de las Naciones Unidas para responder con efectividad a la pandemia. Poco después esta Comisión manifestó su posición en la 75 Asamblea General de N.U. y este febrero acaba de publicar artículo, Enhancing Global Cooperation to End the COVID-19 Pandemic. El posicionamiento de esta Comisión es oportuno para este debate, tanto por su contenido como por su condición por ser un grupo de presión internacional. Aunque no emplea el término de eliminación, el título referido es de por sí suficientemente expresivo. Cataloga las intervenciones no farmacológicas de los países del Este asiático y de la Región del Pacífico, como “altamente efectivas, con gran éxito y que deben implementarse con urgencia e intensidad en todos los países”, y añade que a estas medidas ha de sumarse “un despliegue rápido y masivo de vacunaciones”. Señalemos que en algunos lugares ya se está iniciando la discusión sobre la meta de la eliminación, como Escocia, Irlanda, Jersey y Sri Lanka (6).

¿De qué manera España, tanto su gobierno central como los de las CCAA, está siendo partícipe de estos debates? ¿Y la comunidad médica y de salud pública? El documento oficial “Estrategia de detección precoz, vigilancia y control de la Covid-19” (7; actualizado a 18 de diciembre de 2020) no incluye ninguno de los términos siguientes: contención, mitigación, supresión, reducción, ni por supuesto eliminación; su énfasis estratégico está en la precocidad de los diagnósticos y del establecimiento de las medidas de control, junto con la disponibilidad de una adecuada vigilancia epidemiológica. El objetivo general de la “La estrategia de vacunación Covid-19 en España” recogido en sus líneas maestras, es “reducir la morbilidad y la mortalidad causada por esta enfermedad, protegiendo a los grupos más vulnerables mediante la vacunación frente a Covid-19, en un contexto de disponibilidad progresiva de vacunas”, basada en los principios de necesidad, equidad y reciprocidad (3ª actualización). El presidente P. Sánchez declara por supuesto su alineamiento con la meta del 70% de la población vacunada para después del verano, señalada al inicio como objetivo por la Comisión Europea, e indicado que espera para entonces la “superación de esta maldita pandemia”. Recuperemos el título del inicio: ¿qué hacer después del verano? Desearía mucho equivocarme, pero creo que para entonces habrá aún muchas tareas pendientes, entre ellas la conexión entre las dos estrategias oficiales referidas con el objetivo de su máxima sinergia.

Desde luego la meta de la eliminación puede parecer una quimera, una ensoñación en España y otros países de la UE, Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, etc. y más aún en los de medio y bajo desarrollo. En cualquier caso, sería de gran valor que su debate se generalizase en nuestro medio, y así lo plantean Baker y McKee (4), al abogar por una adopción amplia de dicha estrategia y su discusión en la OMS. Sería mucho más fácil implementarla y lograr buenos resultados si hubiese más países que los citados que apostasen por esta política. El director OMS para la Región de Europa afirmaba en unas declaraciones que “es demasiado pronto para hablar de la eliminación; además es complicado en la práctica, pues los países que la apoyan están en otra competición”. Así mismo decía: “la eliminación es algo que todos deseamos, en principio, para cualquier enfermedad, de cualquier patógeno, y puede ser un gran incentivo de trabajo”. Asumamos, al menos, debatir sobre esta estrategia, pues su análisis ofrece múltiples lecciones, bastantes aplicables a nuestro medio. Vislumbremos, en un plazo corto o medio de tiempo, la eliminación de la Covid-19 como meta colectiva viable.

 


Referencias seleccionadas y agrupadas temáticamente

1. COVID-19: Elimination strategy for Aotearoa New Zealand. https://www.health.govt.nz/our-work/diseases-and-conditions/covid-19-novel-coronavirus/covid-19-response-planning/covid-19-elimination-strategy-aotearoa-new-zealand

Michael G Baker, Amanda Kvalsvig, Ayesha J Verrall, Lucy Telfar-Barnard, Nick Wilson. New Zealand’s elimination strategy for the COVID-19 pandemic and what is required to make it work. https://www.nzma.org.nz/journal-articles/new-zealands-elimination-strategy-for-the-covid-19-pandemic-and-what-is-required-to-make-it-work

2. Luis Guerra Romero. Rudimentos de salud pública para no especialistas: entendamos mejor la pandemia de COVID-19 (I) https://www.easp.es/web/coronavirusysaludpublica/rudimentos-de-salud-publica-para-no-especialistas-entendamos-mejor-la-pandemia-de-covid-19-i/. Serie de 8 artículos, iniciado en abril de 2020.

3. Nick Coatsworth. The Australian Government’s Deputy Chief Medical Officer. Eliminating COVID-19 a false hope. https://www.health.gov.au/news/eliminating-covid-19-a-false-hope

4. Michael G. Baker, Nick Wilson, Andrew Anglemyer. Successful Elimination of Covid-19 Transmission in New Zealand. https://www.nejm.org/doi/10.1056/NEJMc2025203

Michael G Baker, Amanda Kvalsvig, Ayesha J Verrall. New Zealand’s COVID-19 elimination strategy. https://www.mja.com.au/journal/2020/213/5/new-zealands-covid-19-elimination-strategy

1 NEWS WED, DEC 23. Major revolution in thinking’ — Covid-19 study urges WHO to encourage NZ’s elimination strategy. https://www.tvnz.co.nz/one-news/new-zealand/major-revolution-in-thinking-covid-19-study-urges-encourage-nzs-elimination-strategy

Michael G Baker, 1 Nick Wilson, 1, 2 Tony Blakely2, 3. Elimination could be the optimal response strategy for covid-19 and other emerging pandemic diseases. https://www.bmj.com/content/371/bmj.m4907

Michael Baker and Martin McKee. All countries should pursue a Covid-19 elimination strategy: here are 16 reasons why. https://www.theguardian.com/world/commentisfree/2021/jan/28/all-countries-should-pursue-a-covid-19-elimination-strategy-here-are-16-reasons-why

5. Documentos OMS sobre gripe.

a) Global Influenza Strategy 2019–2030. https://www.who.int/influenza/global_influenza_strategy_2019_2030/en/;
b) Non-pharmaceutical public health measures for mitigating the risk and impact of epidemic and pandemic influenza. 2019. https://www.who.int/influenza/publications/public_health_measures/publication/en/
c) Pandemic Influenza Preparedness Framework. Progress report. 1 January –30 June 2020.
https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/335937/9789240012653-eng.pdf?ua=1
d) La gestión de riesgos ante una pandemia de gripe: guía de la OMS para fundamentar y armonizar las medidas nacionales e internacionales de preparación y respuesta ante una pandemia. 2017. https://apps.who.int/iris/handle/10665/272829

6. Ashley Bloomfield. COVID-19, 20, 21: lessons from New Zealand’s 2020 response for 2021 and beyond. https://www.nzma.org.nz/journal-articles/covid-19-20-21-lessons-from-new-zealands-2020-response-for-2021-and-beyond-open-access

7. Noticias de prensa: Escocia https://www.bbc.com/news/uk-scotland-56110282;
Irlanda https://www.irishtimes.com/news/ireland/irish-news/zero-covid-strategy-must-be-adopted-to-avoid-recurring-lockdowns-scientists-1.4469321

Jersey (UK) https://jerseyeveningpost.com/news/2021/01/23/eradication-strategy-for-covid-19/
Sri Lanka. https://indica.medium.com/elimination-is-the-only-strategy-for-covid-19-1cd4cc80b85f

7. Documentos oficiales de España (los más recientes).
https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov/documentos/COVID19_Estrategia_vigilancia_y_control_e_indicadores.pdf
https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/vacunaciones/covid19/docs/COVID-19_Actualizacion3_EstrategiaVacunacion.pdf

 

 

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(*) Exdirector de la Fundación de Investigación del Hospital Ramón y Cajal y exdirector de la Escuela Nacional de Sanidad (lnstituto de Salud Carlos III). Médico jubilado.

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