Crónica Sentimental del Coronavirus (1): La Sonrisa

CRÓNICA

Por: José Luis Bimbela Pedrola

 

Ayer mi madre volvió a sonreír. Llevaba muchos días sin hacerlo. La enfermedad, el dolor, la soledad, y la distancia, se la habían arrebatado. Fue maravilloso verla sonreír “en vivo y en directo” (WhatsApp mediante). De nuevo se sentía viva y con ganas de vivir. Y hasta había pedido que le pintaran los labios. Estaba guapa. Y feliz. Su sonrisa me llegó al alma, me conmovió en lo más hondo. Me llenó de felicidad y me dio fuerzas. Me sentí, yo también, más vivo y con más ganas de vivir (confieso que llevaba unos días un poco… triste). Esta tarde le harán la prueba (“un test rápido, de momento” nos han dicho los médicos). Otra buena noticia.

Qué alegría confirmar, cada día, que la sonrisa (la sonrisa auténtica, genuina, honesta; la que no se queda en un rictus) nos sana por dentro y por fuera (“sonreír es el mejor tratamiento de belleza” dirían algunos); y sana tanto a quien la emite como a quien la recibe (¨las neuronas espejo” dirían otros). Hoy, en plena pandemia, proclamo (alto y claro): he decidido volver a sonreír. En público y en privado. En las aulas presenciales (obvio) y en las virtuales (en las fotos, en los vídeos, en el tono de los mensajes a los foros). En las calles y en los bares (cuando abran). En las librerías. En los aeropuertos y en las estaciones de trenes. Incluso cuando hable por teléfono sin cámara. Porque la sonrisa verdadera se siente. Llega. Se contagia y se disfruta. Y sembrada queda.

Aquí y ahora, en estos difíciles y retadores tiempos de coronavirus, la sonrisa es vital. Para cada uno de nosotros y nosotras. Y muy especialmente para nuestros hijos e hijas. Y para la humanidad entera. Una nueva sociedad puede surgir de esta pandemia si así lo decidimos. Más solidaria y cooperativa. Más austera y esencial. Más activa y protagonista. Más positiva y entusiasta. Más ética (mi bienestar y tu bienestar, mi poder y tu poder, mis objetivos y los tuyos). Más saludable. Más sonriente. Mejor. Nosotros y nosotras decidimos. Repito: nosotros y nosotras decidimos. No hay excusas.

Pocas como las poetas para hablarnos de los sentimientos. Y si se trata de la sonrisa mi sugerencia es clara: Raquel Lanseros y su poema “Bendita alegría”.

Te confunden con otras, alegría:
ingenuidad, simpleza,
candidez,
inocencia.
Te subestiman con diminutivos
sucedáneo de la felicidad
eterna hermana pobre de la euforia.

Parecen no acordarse de la helada rutina,
cuando las insistencias se vacían de sangre
y el espanto aprisiona como un despeñadero.

No recojas el guante, te lo ruego,
olvida el desafío que lanza la ignorancia.
No nos dejes perdidos en medio de qué océano,
sin tu luz, alegría,
la de las manos anchas
la que convierte el alma en lugar habitable.

Desatiende el rumor de las trincheras,
la retórica vana de los oportunistas.
Tú eres el destilado de libertad más único,
el orgasmo espontáneo del espíritu.

Bienhallada alegría
la pura de sabor
la complaciente
tú que vives y reinas en el tuétano limpio
ahora y en el albor de toda hora
quédate con nosotros.

 

Y si quieren oírla (¡y verla!) en la propia voz de la autora: https://www.youtube.com/watch?v=9kQeHa8QEDk

Me permito recordar, además, que Raquel Lanseros ha participado en diversas actividades de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) con conferencias y talleres en el ámbito de la Escuela de Pacientes. Sus intervenciones han dejado huella.

Y para acabar esta primera crónica sentimental, una luminosa evidencia empírica de que es posible sonreír en tiempos duros (de pandemias y de hambrunas). La canción “Panaderas de pan duro” del grupo El Naán, en la que podemos deleitarnos con frases tan sabias como: “Es un manjar para el alma la canción con su estribillo» (y es que ese arte sanador se merece otra crónica sentimental que pronto escribiré). Por cierto, no se pierdan las imágenes finales del vídeo:

 

Fuente: Amaneciendo en sábado. En “El Blog de Bimbela”: https://www.easp.es/web/bimbela/

Continuará…

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