Crónica Sentimental del Coronavirus (12): El Deseo

CRÓNICA

Por: José Luis Bimbela Pedrola

 

Estos días de pandemia y confinamiento, ojeo libros y estudios varios. Releo ensayos y poemas. Aún no puedo (desconozco las razones) con las novelas y los relatos. Y me detengo, algo nostálgico, en el libro “Sida y jóvenes. La prevención de la transmisión sexual del VIH” que publicamos en la Escuela Andaluza de Salud Pública en 1997. Y reviso el listado orientativo de prácticas sexuales que construimos para ayudar a concretar las intervenciones en la prevención de la transmisión sexual del VIH y a mejorar la eficacia de las mismas. Las agrupábamos (las prácticas) en cuatro categorías (y cito textualmente): Con “riesgo alto” (coito anal sin condón, coito vaginal sin condón); con “riesgo bajo” (felación sin condón y con eyaculación en la boca, cunnilingus sin barrera); con “riesgo muy bajo” (compartir juguetes sexuales sin barrera, coito anal con condón, coito vaginal con condón, beso negro sin barrera, felación sin condón y sin eyaculación en la boca); y “sin riesgo” (besos húmedos, masturbación mutua, caricias, masajes, besar la piel, lamer la piel, pronunciar frases calientes, mirar con deseo). Me enternezco al leer esta última categoría. Y confieso que, desde hace ya bastantes años, la frase que más despierta mi deseo es “te amo” (incluso, últimamente, también “te quiero”). Dijo el gran Punset: “La felicidad está en la sala de espera de la felicidad”. ¿Y el deseo?

 

 

Y, ahora en 2020, llega el coronavirus. Y leo noticias “sexualmente” inquietantes: “Hallan coronavirus en el semen de pacientes”, “El coronavirus puede permanecer en el semen incluso después de comenzar la fase de recuperación”. Y en la saliva, claro (¡esos besos húmedos ahora, de repente, tan peligrosos!). Y las manos, con sus creativos y juguetones dedos ¿bien lejos de las bocas? Animo a los/as lectores/as a que construyan su propio listado orientativo. Intentando, por favor, concretar cada práctica al máximo. Y surgen dudas: ¿Qué pasa con las personas que se infectaron, que ahora han “dado negativo”, y cuyo semen parece que mantiene el virus? ¿Y con las que no se han hecho las pruebas? ¿Qué ocurre con el flujo vaginal? ¿Lamer la piel es seguro? ¿Y besar suavemente un brazo, una pierna, la corva de la rodilla? Y pensando en la promoción de salud y la salud pública: ¿se logrará erotizar las mascarillas como sí se logró con el sostén/sujetador (y no se consiguió con el condón)? Tengo mis dudas. Consultemos a los/as expertos/as en “coronavirus y prácticas sexuales”. Leo que nos recomiendan la “erótica del distanciamiento”. ¿Recuperaremos colores y olores?, ¿texturas? ¿sedas y satenes?, ¿miradas?, ¿abanicos y pañuelos?, ¿señales?, ¿sugeriremos más y mostraremos menos? ¿Imaginaremos?

Quizás también valga la pena aprovechar la famosa pandemia para reinventarnos sexualmente. Si, como muy bien dicen en la película “El amor perjudica seriamente la salud” de Manuel Gómez Pereira, “El deseo es inteligencia, el sexo es gimnasia”, tengo la impresión de que nuestra sexualidad —la de los y las españolas— es claramente mejorable (por decirlo suave). Cantidad, rendimiento y rapidez no parecen una tríada ni saludable ni placentera. Estudios relativamente recientes (The Journal Sexual of Medicine, 2014) afirman que las mujeres lesbianas tienen más y mejores orgasmos que las heterosexuales; y concretan las variables que ayudan a explicar este hecho: la calidad y cantidad de comunicación entre las personas implicadas (antes y durante la relación); el ritmo lento y sosegado; la empatía práctica (ponerse en el lugar de la otra persona para entender sus emociones, sus dudas, sus miedos; y decírselo). Tomemos, todos y todas, buena nota. Heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transexuales, asexuales, pansexuales, antrosexuales, demisexuales, etc., incluidos/as. Y decidamos también (ahora, que ya han llegado los calores) qué riesgos estamos dispuestos/as a asumir para satisfacer / colmar / alimentar / saciar nuestro deseo.

Afirma Cristóbal Icaza, el empresario que donó 1.000 succionadores de clítoris a las trabajadoras sanitarias en los momentos más duros de la pandemia, que “el sexo aún es materia sensible”. Declaración que me ha recordado la lúcida frase de José Luis Sampedro con la que acabé la presentación pública de mi tesis doctoral “Sociología del sida. Jóvenes y Sexualidad en Andalucía” (1): “El poder le tiene miedo al placer porque el placer nos hace libres”. A lo que añado, humildemente, tendrá miedo al placer de los/as demás, no al suyo propio; pues, es bien sabido, que el poder (del tipo que sea) no suele poner límites a su propio placer. Aprovecho para recordar, aquí y ahora, que en Salud Pública nos dedicamos a prevenir ciertas consecuencias no deseadas (VIH/sida, infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados) de algunas prácticas sexuales; no a prevenir las prácticas sexuales. El paralelismo con la conducción de automóviles (o el alpinismo) es tan obvio que, en atención al enorme respeto que me merecen los lectores y las lectoras de este blog, voy a omitir los detalles.

¿Recomendaciones finales? Una película inolvidable: Los Puentes de Madison de Clint Eastwood. Deseos, decisiones, lágrimas… y esa lluvia inolvidable al final. Y cuatro artistas extraordinarias (cuatro estilos, cuatro canciones; y muchas evocaciones): Afro Blue. Melanie de Biasio; Esa noche. La Dame Blanche; Derroche. Ana Belén; Smooth Operator. Sade.

 

Fuente: Amaneciendo en sábado. En “El Blog de Bimbela”.

Continuará…


(1) Bimbela Pedrola, JL. Sociología del sida. Jóvenes y Sexualidad en Andalucía. Madrid: CIS-Siglo XXI; 2002.

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