Crónica Sentimental del Coronavirus (13): El Sí

CRÓNICA

Por: José Luis Bimbela Pedrola

 

El Amor

Hay que reconocer, con todo el cariño, que los diez mandamientos empiezan de forma mejorable. Con prohibiciones poco facilitadoras, ahora lo sabemos, de cambios duraderos y sostenibles. No hagas esto, no hagas lo otro. No hagas lo de más allá. No, no, no. Sin embargo, rectifican (esa cualidad atribuida a los sabios y a las sabias) y sintetizan (otra cualidad muy sabia, por cierto) para acabar muy bien: “todos estos mandamientos se sintetizan en dos, amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Sí, sí, sí. A lo que me permito añadir “Y lo amarás (al prójimo) y te amarás (a ti mismo) mucho”; para que no haya dudas sobre la dosis adecuada. Teresa de Calcuta lo tenía claro cuando afirmaba: “No estoy en contra de la guerra; estoy a favor de la paz”. Por eso me parece mejor el “solo sí es sí” que el “no es no”. Al menos, hasta que las mujeres tengan el suficiente poder social, económico y político para que su “no” detenga inmediatamente lo indeseable y al indeseable.

 

La Ciencia

La teoría de los procesos irónicos (Daniel Wegner, 1994) ayuda a entender muy bien el lío monumental que se hace nuestro cerebro cuando le llega algún “no” (La típica propuesta hecha por el ponente de turno a un auditorio: “Por favor, les ruego que no piensen en un elefante blanco” ya es más que un clásico). Y me gusta especialmente la forma en la que la filósofa y poeta Chantal Maillard lo sintetiza: ”Todo acto de pensamiento es una imagen” ¿Cómo visualizar pues un “no elefante blanco”? En Salud Pública ya hace bastantes años que tuvimos claro que el enfoque “promover salud” (los famosos hábitos saludables) provocaba mejores resultados (y más duraderos) que el enfoque “prevenir enfermedad”. Y confieso que me sigue encantando recordar, en conferencias y actividades varias, que yo trabajo (muy feliz y motivado, por cierto) en una empresa que se llama “Escuela Andaluza de Salud Pública”, no de enfermedad pública.

 

La Vida

Con Joan Carles March (@joancmarch), amigo y colega en las lides congresuales y docentes, nos gusta recordar, a los/as directivos/as a los/as que formamos, que necesitamos unos cuantos síes para compensar cada uno de los noes pronunciados (verbales y no verbales) y/o escritos. Y en el ámbito doméstico (con hijos/as, padres/madres, parejas) todo parece indicar que la cantidad de afirmaciones “compensatorias” necesarias se dispara. Y digo más (por mi experiencia como paciente con dolor crónico): cuando nos centramos solamente en lo que ya no podemos hacer, en lo que ya no tenemos, en lo que no podremos conseguir, en lo que no…no… no… la “depre” está asegurada (me pilló). Y un ruego final: cuando, después de un entusiasta entrenamiento, por fin seamos capaces de ejercer el sí, evitemos (por favor, por favor, por favor) añadirle una coma y ese tóxico “pero” que se lo carga entero (el sí). Y disculpen el pareado.

 

 

Y tres recomendaciones para acabar (y afirmar). Una frase: “Una sonrisa, o una risa, es un acto de afirmación en la vida” (Carlos Boyero conversando con Andreu Buenafuente); un libro: “El hombre rebelde” de Albert Camus; en cuyas primeras páginas podemos leer: “¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento”; y una canción que es un sí (dulce y precioso; melódico y cadencioso) a la vida: “Buenos momentos” de Julio Bustamante. En un CD, por cierto, maravilloso, y con un título (“Con tal de volar”) y una imagen (ese penacho de Piel Roja) muy sugerentes.

 

 

Fuente: Amaneciendo en sábado. En “El Blog de Bimbela”.

Continuará…

 

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