Efecto de la pandemia de COVID-19 en la calidad del aire: Impacto en la salud respiratoria

ANÁLISIS DE DATOS

Por: Ana Pérez-Aragón* y Marina Lacasaña**

 

La pandemia provocada por el SARS-CoV-2 (1) que estamos viviendo actualmente está ocasionando una crisis sanitaria de gran envergadura, cuya magnitud todavía es incalculable, tanto por la fácil y rápida expansión que está alcanzando, como por el número de personas infectadas, poniendo a prueba los sistemas sanitarios de todos los países y planteando numerosos problemas éticos de extrema complejidad y con escasas respuestas determinantes aún (2).

Los esfuerzos para controlar la pandemia de coronavirus, han establecido una cuarentena obligada con medidas de confinamiento severas y sin ningún precedente en la historia, obligando a una reducción de la actividad económica a nivel mundial. Esto ha ocasionado unos beneficios para el medioambiente con mejoras específicas en la calidad del aire y disminución en la contaminación ambiental evidente, con un coste económico aún impredecible (3).

©Vivian Benítez Hidalgo

Desde el día que se decretó el estado de alarma en España, el pasado 14 de marzo, los ciudadanos hemos estado confinados en nuestros hogares. Una situación que ha hecho que tanto los desplazamientos como la actividad industrial se limiten y, por tanto, bajen los niveles de contaminación atmosférica, principalmente de NOx, PM10, PM2.5, SO2 y CO, entre otros. Esta mejora de la calidad del aire ha sido especialmente evidente en las grandes ciudades a nivel mundial. En España, según datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente se ha observado una reducción importante  de los niveles de NO2 durante las tres primeras semanas de confinamiento por la pandemia comparado con los niveles en el mismo periodo del año 2019, Madrid y Barcelona son las ciudades donde las diferencias son más manifiestas, por presentar previamente un aire de peor calidad, con una reducción entre el 41% y 55%, respectivamente.

El NO2 es un gas irritante que agrava las enfermedades respiratorias y merma la resistencia a las infecciones, el cual es emitido por los tubos de escape de los automóviles, además de por las calderas industriales y domésticas, por lo que su concentración en el aire exterior está directamente ligada a las emisiones del tráfico vehicular, siendo ésta su principal fuente en las ciudades y el principal factor que influye en la calidad del aire urbano (4). Asimismo, el NO2 se asocia con un incremento de la morbi-mortalidad, provocando además una reducción importante de la calidad de vida.

La contaminación del aire es responsable de un gran número de muertes y de una mayor incidencia de enfermedades respiratorias tanto en adultos como en población infantil (5-7). Según la Organización Mundial de la Salud (8), 4,6 millones de personas mueren anualmente por enfermedades directamente como consecuencia de la mala calidad del aire. Las muertes asociadas a la contaminación del aire incluyen, entre otras, asma, bronquitis, enfisema, enfermedades respiratorias, cardíacas y alérgicas (6). Muy probablemente más de las muertes que tendremos como consecuencia del COVID-19.

Por otra parte, la contaminación del aire parece que también podría exacerbar las severidad de los síntomas de la infección por COVID-19 e incrementar el riesgo de mortalidad, tal y como se desprende de un estudio realizado en EEUU, donde se ha observado que la exposición a largo plazo de PM2.5 se asocia con un incremento en la mortalidad por COVID-19, concretamente un incremento de solo 1 𝜇g/m3 in PM2.5 se asoció con un incremento en un 8% en la tasa de mortalidad por COVID-19 (IC 95%: 2%, 15%) (9). Aunque, estos resultados hay que tomarlos con cautela debido que esta publicación no ha pasado por el proceso editorial de revisión por pares.

Teniendo en cuenta la importante disminución de la contaminación atmosférica como consecuencia de la cuarentena, la pandemia de COVID-19 podría paradójicamente haber disminuido el número de muertes prematuras esperadas por la contaminación del aire, por lo que la reducción de la contaminación del aire en sí misma tiene beneficios positivos en la reducción de enfermedades prevenibles no transmisibles.

Granada es una de las ciudades con mayor contaminación del aire de España. De acuerdo a los datos proporcionados por la Red de Vigilancia y Control de la Contaminación Atmosférica para el periodo desde el 1 de marzo al 14 de abril del 2019 y 2020, las concentraciones de NO2 y PM10 fueron, como cabía esperar, inferiores en 2020 respecto al año anterior (ver figuras 1 y 2). Concretamente, las concentraciones diarias de NO2 no superaron los 40 μg/m3 (límite recomendado por la OMS) ningún día en 2020, superándose esa concentración 19 días durante el mismo periodo en 2019. Respecto a PM10 aunque los niveles también han sido inferiores en 2020, las diferencias respecto a 2019 han sido menos pronunciadas que para el NO2, lo mismo ha sucedido en Barcelona, aunque las causas de la disminución más baja se desconocen (10).

 

Fuente: Elaboración propia.

 

En base a los ingresos hospitalarios por patología respiratoria en niños en el Hospital Materno-Infantil Virgen de las Nieves de Granada, desde el 13 de marzo al 13 de abril de 2020, comparándolo con el mismo período del año anterior, donde no hubo ninguna restricción, se ha observado una reducción tremendamente llamativa en el número de ingresos. En 2019, durante este periodo ingresaron en el Servicio de Pediatría de este hospital 47 niños por problemas respiratorios con los siguientes diagnósticos: asma (10), bronquiolitis (6), infección respiratoria y gripe (6), bronquitis (13) y neumonía (12), precisando un paciente asistencia en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP). Sin embargo, este año y en el mismo período sólo se han registrado cinco  ingresos por causa respiratoria: infección respiratoria (1), neumonía (2) y bronquitis (2), con una asistencia en UCIP.  Lo que supone una reducción del 89%.

Lo anterior muestra que la contaminación atmosférica favorece el incremento en la incidencia de las infecciones respiratorias y las exacerbaciones por asma en la población infantil, bien como consecuencia de un efecto sinérgico o por su inmadurez pulmonar (11).

Probablemente la vacuna contra el COVID-19 sea una realidad cercana (12), pero cuando esto suceda deberíamos tratar de adoptar estilos de vida mucho más responsables con nuestro ambiente. La realidad actual es que el medioambiente ha sido un gran beneficiario de esta pandemia, ya que durante este período la calidad del aire ha mejorado en multitud de ciudades y se han reducido las emisiones de gases invernadero responsables del cambio climático (8).

Sin quererlo, hemos participado en el experimento a mayor escala jamás visto en términos de reducción de emisiones industriales y del tráfico vehicular, cuyo resultado representa lo que en el futuro podríamos llegar a conseguir si todos los Gobiernos tomaran medidas globales para desarrollar una economía baja en carbono y atajar las causas principales de la emergencia climática.

La crisis de la Covid-19 ha puesto de manifiesto que la reducción estructural del tráfico vehicular y los cambios en las pautas de movilidad son la mejor herramienta para disminuir la contaminación del aire en las ciudades (13). Sin olvidar que esto se ha producido en el marco de una situación extrema, en absoluto deseable, que está originando un gran número de muertes y graves problemas de salud y económicos a muchísimas personas (14).

Sería deseable esperar que el efecto sobre la contaminación del aire como consecuencia de reducir el tráfico vehicular en las ciudades lo tomemos como una lección aprendida, dado los efectos beneficiosos que tendría para la salud y bienestar de la población y, sobre todo para los grupos más vulnerables como son los niños (15). Por lo tanto, es importante, implementar políticas de movilidad sostenibles para reducir la contaminación del aire de manera continuada, ya que el mayor impacto de la contaminación del aire es ocasionado por una exposición crónica, sin olvidar las acciones contra el cambio climático.


REFERENCIAS

  1. Sohrabi C, Alsafi Z,   O’Neill N,   Khan M,  Kerwan A, Al-Jabir A, et al. World Health Organization declares global emergency: A review of the 2019 novel coronavirus (COVID-19). Int J Surg. 2020; 76: 71-76.
  2. Landrigan PJ, Fuller R, Acosta NJR, Adeyi O, Arnold R, Basu NN et al. The Lancet. Commission on pollution and health. Lancet. 2018; 391(10119);462-512.
  3. Dutheil, F, Baker JS, Navel V. COVID-19 as a Factor Influencing Air Pollution?. Environ Pollut. 2020; 263 (Pt A): 114466.
  4. Cohen AJ, Brauer M, Burnett R, Anderson HR, Frostad J, Estep K,  et al. Estimates and 25-year trends of the global burden of disease attributable to ambient air pollution: an analysis of data from the Global Burden of Diseases Study 2015. 2017; 389(10082):1907-1918
  5. Landrigan PJ, Fuller R, Fisher S, Suk WA, Sly P, Chiles TC, et al. Pollution and children’s health. Sci Total Environ., 2019;650(Pt2):2389-2394
  6. Brauer M. How much, how long, what, and where: air pollution exposure assessment for epidemiologic studies of respiratory disease. Am. Thorac. Soc. 2010; 7:111-5.
  7. Sáez M, Ballester F, Barceló MA, Pérez-Hoyos S, Bellido J, Tenías JM, et al. A combined analysis of the short-term effects of photochemical air pollutants on mortality within the EMECAM project. Environ Health Perspect. 2002;110:221-8.
  8. World Health Organization. Ambient (outdoor) air quality and health. Fact sheet N°313. World Health Organization 2018; [consulted 01-05-2020]. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ambient-(outdoor)-air-quality-and-health.
  9. Wu X, Nethery RC, Sabath BM, Braun D , Dominici F.  Exposure to air pollution and COVID-19 mortality in the United States: A nationwide cross-sectional study. doi: https://doi.org/10.1101/2020.04.05.20054502.
  10. Tobías A, Carnerero C, Reche C, Massagué J, et al. Changes in air quality during the lockdown in Barcelona (Spain) one month into the SARS-CoV-2 epidemic. Sci Total Environ. 2020; 726:138540. URL del artículo
  11. Ortega García JA, Sánchez Solís M, Ferrís Tortajada J. Air pollution and children’s health. An Pediatr (Barc). 2018;89:77-79.
  12. Ahn DG, Shin HJ, Kim MH, Lee S, Kim HS, Myoung J, et al. Current Status of Epidemiology, Diagnosis, Therapeutics, and Vaccines for Novel Coronavirus Disease 2019 (COVID-19). J Microbiol Biotechnol. 2020; 30:313-324.
  13. Sunyer J, Suades-González E, García-Esteban R, Rivas I, Pujol J, Alvarez-Pedrerol M et al. Contaminación del aire relacionada con el tráfico y atención en niños de primaria: Asociación a corto plazo. 2017;28(2):181-189.
  14. Zhu Y, Xie J, Huang F, Cao L. Association between short-term exposure to air pollution and COVID-19 infection: Evidence from China. Sci Total Environ. 2020; 727:138704
  15. Khreis H and Nieuwenhuijsen M. Traffic-related air pollution and childhood asthma: recent advances and remaining gaps in the exposure assessment methods. Int J Environ Res Public Health 2017;14:312.

*Ana Pérez Aragón, es Médico especialista en Pediatría del HMI Virgen de la Nieves de Granada.                  **Marina Lacasaña es profesora de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

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