El presente no existe, ya somos futuro, futuro que necesitamos construir juntos

RESEÑA

Por: Ignacio Martinez Millán

Y para preparar el futuro inmediato necesitaremos contar con la máxima información posible para poder mejorar nuestra capacidad de gestión en crisis de salud pública como la que estamos viviendo, en sus aspectos de vigilancia, promoción, protección, atención y recuperación de las secuelas derivadas de las personas afectadas y de la sociedad en su conjunto.

Elaborar lecciones aprendidas útiles para los fines de mejora de nuestra capacidad de respuesta exige contar con el análisis riguroso de las decisiones, prácticas y experiencias vividas por el conjunto de actores involucrados en la gestión de esta crisis en todos los sectores implicados, y especialmente en el de la salud.

Responsables de decisiones políticas, gestores de instituciones y servicios de salud en sus diferentes niveles organizativos, profesionales de salud pública, epidemiólogos de terreno,  directivos médicos y de enfermería, de servicios generales, responsables de logística y compras, trasporte sanitario,  clínicos y profesionales de cuidados, de atención primaria, urgencias, medicina interna, salud mental, cuidados intensivos, respiratorio, personal socio sanitario  de residencias de ancianos, ente otros, que enfrentan en el día a día esta pandemia cuentan con una información inestimable que tenemos que ser capaces de aprovechar.

Detectar en estos colectivos profesionales qué aspectos de la gestión de la crisis con los que han estado directamente involucrados han sido, desde su juicio y experiencia, adecuados y pueden ser considerados como buena práctica y cuales otros no han tenido utilidad o constituyen experiencias objeto de mejora, será un deber ineludible en nuestras organizaciones.

Revisar la experiencia exigirá contar con la mirada limpia y honradez que en el mundo científico y profesional se da por supuesta a la hora de la evaluación de nuestras intervenciones. Habituados a un contexto de crispación política y social en el que la detección de errores (o de aciertos en sentido contrario) parecen adquirir utilidad exclusiva en sí mismos como elemento de reprobación o autosatisfacción, deberemos todos hacer un ejercicio máximo de responsabilidad para, en este lamentable contexto, adoptar la máxima trasparencia y rigor metodológico en la obtención, análisis y divulgación de la información necesaria

No sólo es el rigor inherente a nuestra profesión el que debe orientar este esfuerzo, la confianza que la sociedad ha depositado en el mundo profesional de la salud pública en esta situación nos obliga a ello. Abramos la puerta al futuro.

 

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