Entrevista a Carles Muntaner

ENTREVISTA

 

Joan Carles March entrevista a Carles Muntaner, Profesor e investigador de la Universidad de Toronto.

 

En esta octava entrevista de la serie que se está recopilando en este Blog se hace un recorrido internacional por la pandemia desde Canadá y Estados Unidos, aportando además una visión de la situación española y catalana desde el otro lado del Atlántico.

 

P: Cómo está la situación de la pandemia en Canadá y cómo se ve España desde allí, en este momento en que es muy complicado plantear cuáles son las medidas más oportunas.

R: Canadá está en un mal momento porque tanto los casos confirmados como las muertes han experimentado una subida en el país. Esto es debido a varios factores a mi entender.

Se notan grandes diferencias entre las decisiones políticas a nivel del país en su conjunto con los estados y provincias.

En Ontario hemos sumado ya unos 600 mil casos en una población de unos 7 millones y medio de habitantes. En esta provincia hay un gobierno muy conservador, me sorprendió que el premier de aquí fuese tan duro con su propio electorado. Pero de alguna manera los salubristas le convencieron de que la situación era muy grave y accedió a tomar medidas. Además, vio cómo el Presidente del país que es del partido rival, subía en las encuestas debido a su gestión de la pandemia, dando la cara desde el principio, tomando medidas económicas y de salud pública. Ahora de alguna manera ha cedido a las presiones típicas de su partido conservador neoliberal y ha querido demorar al máximo el cierre de comercios. El Gobierno ha cometido errores en esta segunda ola debido a la presión del lobby privado que influye sobre todo en el partido del Gobierno conservador. Ahora estamos pagando el precio de no haber impuesto unas restricciones más duras en esta segunda ola.

Por un lado, la relajación del Gobierno tanto en aspectos comunicativos como en las ayudas económicas a la población para que se recupere de la primera ola, la de febrero a abril. Y por otro lado, debido a factores culturales. En Toronto el 60% de población son inmigrantes y algunos tienen por costumbre realizar grandes eventos familiares de forma encubierta y, acaban siendo espacios propagadores. La diversidad cultural, que hasta ahora era una riqueza ahora se puede convertir en un inconveniente porque no se sabe cómo van a reaccionar las distintas etnias ante las restricciones en las fiestas navideñas y de Fin de Año.

La mayoría de la clase trabajadora esencial comparte transporte y hay hacinamiento. Y finalmente que hay muchos trabajadores que no se han podido beneficiar de la ayuda directa o a pequeños empresarios porque su situación es ilegal, precaria o no tienen documentación. Además, su trabajo no les permite parar y tienen que seguir saliendo a la calle.

 

Por lo tanto, 1ª ola restrictiva y 2ª con miedo a volver a tomar decisiones demasiado duras para la población y los comercios.

Sí porque hay mucha autonomía presupuestaria. En el sector salud el gasto está totalmente controlado a nivel provincial y éste es un factor que se refleja en el tipo de decisiones políticas del partido que está en el poder en cada una de las provincias y de los territorios.

En este sentido Quebec es la que mejor está. Se diferencia de las demás culturalmente, es francófona, tiene una historia de beligerancia con el estado federal canadiense y de reivindicación de derechos de soberanía. Esta dinámica refuerza las decisiones incluso en salud pública. En Quebec ha habido la mayor tasa de mortalidad de todo Canadá, en parte debido a la falta de prioridad que se dio a las residencias de ancianos. Lo mismo ocurrió en Ontario, donde el 80% de las muertes de la 1ª ola fueron en residencias.

En Quebec fue aún peor porque el gobierno federal tomaba medidas de salud pública e intentaba que los premiers de las provincias siguieran su mandato, como indica la constitución. En Quebec utilizaron este asunto políticamente de manera que el Ministro de Salud de Quebec se burló durante bastante tiempo de las medidas que se tomaban para prevenir los brotes de Covid. Salió en varios videos burlándose de las mascarillas y haciendo mofa pública de la gente que las usaba. Más tarde, cuando Quebec ya tenía la tasa de mortalidad más alta por Covid de todo Canadá, se disculpó ante la población llorando por televisión por lo que había hecho. Esto te puede dar una idea de lo distinta que puede llegar a ser la política de una provincia a otra.

 

¿Y cuál es la imagen de Trudeau como Presidente del Gobierno y su trabajo en Canadá durante la pandemia?

Hasta ahora ha salvado su gestión. Porque él tenía una tasa de popularidad muy baja antes de la pandemia, pero durante la pandemia salió a la palestra, tomó el control de la situación, no se escondió, y esto permitió que aumentase su popularidad. Hasta el punto de que ha decidido adelantar las elecciones para capitalizar el hecho de que el líder conservador no es muy conocido, entre otras cosas porque el anterior tuvo que dimitir debido a un escándalo. Gracias a la Covid tiene oportunidades de ser reelegido, lo cual no habría ocurrido hace un año, cuando se le criticaba por no tener agallas de enfrentarse a Trump. Ha tenido suerte. El estímulo económico fue una buena idea, evitó que cerrasen muchos comercios pequeños. Una medida acertada dar dinero a los trabajadores que habían perdido su empleo de forma temporal. Ahora con la vacuna, si se hace bien, volverá a ganar popularidad.

 

¿Como están los ánimos en la opinión pública alrededor de la vacuna?

En Canadá empieza esta semana. Tenemos una proporción de escépticos que llega al 20-30%, menor que en EE.UU. pero puede ser un problema. La gente lo espera como una píldora mágica, la expectativa es un poco ingenua creen que le van a devolver la vida que han perdido y la están esperando con ansiedad.

 

¿Cómo ves a España desde Canadá?

La prensa habla de España, junto con Italia y Francia, como uno de los países europeos y del mundo donde la Covid ha causado mayores estragos. Ha causado sorpresa especialmente durante la primera ola, dada la riqueza del país, del tamaño, tan importante en la esfera europea.

Yo tengo una relación muy distinta, creo que el problema es básicamente de preparación. En el fondo es una falta de preparación en materia de salud pública, falta de escuelas de salud pública, falta de inversión en formación. Si no hay preparación no hay respuesta.

Es un problema de fondo que se arrastra desde los años de la Transición. Puede que no haya habido más inversión en salud pública porque estaba controlado desde la Medicina o porque los profesionales se han formado en el extranjero. Escuelas como Harvard que han invertido en el país para formar in situ en salud pública. En el ámbito catalán, que es el que conozco con mayor detalle, no estoy de acuerdo con los análisis que se centran solo en casa de ancianos, eso siempre ha funcionado así solo que ahora se ha destapado. En cambio, la falta de formación en enfermedades infecciosas, la falta de personal era más difícil de dilucidar antes de esta pandemia. Es cuestión de formación, preparación. En Cataluña, con 6 millones y medio de habitantes no hay ni una sola escuela de salud pública.

También tuvimos el SARS, incluso el Ébola, tendría que haber sido un aviso de que era urgente prepararse para las epidemias. La OMS también hizo hincapié en la preparación de emergencias y tampoco se hizo. Ahí es donde tendrían que darse los cambios.  Si en este momento la salud pública no es una prioridad política, no lo va a ser nunca, me temo.

 

 

El ámbito de la salud pública ha estado dejado de lado, con una inversión muy pequeña, también en atención primaria, pero la base de la pandemia es un problema de salud pública. Sin un centro estatal, sin centros de salud pública, sin escuelas de salud pública. La única que hay en España, aparte de la Escuela de Sanidad que va perdiendo peso con los años, es la Escuela Andaluza de Salud Pública, que también está en entredicho en este último año. Por tanto, se necesita más y mejor salud pública y más formación en salud pública.

En Cataluña, por ejemplo, ha sido gestionado por el funcionariado. Ante la responsabilidad en salud pública no se considera la preparación técnica como factor determinante, sino la orientación política de la persona que toma decisiones. Por ejemplo, la mayor responsabilidad en salud pública de Barcelona recae en un funcionario que no tiene ningún conocimiento en salud pública formalmente. Las cuotas políticas son un determinante para que las personas ocupen lugares técnicos. Es un problema, necesitamos otra ley del funcionariado, por lo menos en Cataluña.

Hubo un caso de un responsable que era médico con experiencia en enfermedades infecciosas, saltó a la palestra y toda la prensa se le echó encima. Los epidemiólogos también fueron rechazados en el Gobierno catalán.

La respuesta política a nivel del Gobierno de la Generalitat, ha sido de titubeos, de politizar la salud pública, de forma que la cuestión profesional técnica no tenía cabida. Ni en la formación de las personas ni en las consideraciones de los políticos que trabajaban con ellos.

Y tampoco han sabido reconocer sus errores con tal de perseverar en el poder, tanto los políticos como los funcionarios.  Aquí las críticas se toman como un insulto personal. Esto contrasta con la idea del funcionariado en los países nórdicos, cuyo principio es el de servir al público.

 

¿Cuál es tu visión de los organismos internacionales? La OMS como elemento fundamental, ha habido muchas críticas de la posición ante china o la valoración de las mascarillas en algunos momentos.

Cuando era EE.UU. el que influenciaba a la OMS no había tantas críticas. EE.UU. al retirarse de la OMS ha cometido un error garrafal porque es la institución que al fin y al cabo representa la posibilidad de una democracia internacional, es decir, si no apoyamos a la OMS, qué nos queda.

La persona ahora mismo tiene más poder en la salud global es una persona que no acabó la universidad y que se hizo millonario con un programa de ordenador del gobierno, no tiene legitimidad democrática alguna. Con dinero se puede comprar cualquier estudio de prevalencia. Las ONGs fundadas por millonarios como la de Bill Gates o Bill Clinton, tienen carácter comercial lo cual negativo.

Simplemente no tenemos alternativas a la OMS, con las críticas por sus presiones externas, por la dinámica de su burocracia, por sus muchas comisiones externas con científicos de todas las partes del mundo que son útiles, incluso las de preparación ante las epidemias.

Sin embargo, si los países hubieran seguido lo indicado en el informe que ya se había publicado el año anterior a la Covid se habría evitado esta pandemia. Creo que podemos criticar a la OMS pero a la vez hay que reforzarla para que pueda ser el altavoz y asesor de la salud pública a nivel global. Es patrimonio de todos los países.

 

¿Y qué te parece la situación creada en EE.UU. con la política negacionista de Trump?

Es un ejemplo para que el mundo pueda ver qué ocurre cuando hay un estado neoliberal en una situación de pandemia, cuando el gobierno está liderado por intereses privados, a nivel local, regional y federal.

La Covid ha servido para que todas las desigualdades que hay en EE.UU. explotasen, las desigualdades aumentasen entre grupos étnicos y entre clases sociales. Porque allí la salud es un bien privado y el derecho a ser atendido médicamente depende de tu capacidad de compra en el mercado, no es un derecho humano. El factor privado sobre el público es el que determina la salud en EE.UU. Esto se va a reflejar claramente en las consecuencias de una epidemia.

La salud pública ha estado relegada durante décadas a un papel menor debido a los recortes. El Gobierno central ha ido delegando a nivel local y como a este nivel hay menos capacidad para crear y mantener la salud pública, las desigualdades se han visto aumentadas entre condados y estados.

La Covid ha permitido que estas imperfecciones del sistema americano se magnificasen para que el mundo pueda observarlas. Biden tiene la oportunidad de cambiar el rumbo de su país en 40 años o seguir y llegar a una bajada en la esperanza de vida en los EE.UU. Pero dependerá en gran parte de la movilización ciudadana.

 

Como uno de los firmantes de la carta a Lancet, ¿qué opinas sobre una evaluación de la gestión de la pandemia?

Es muy difícil porque los responsables políticos no quieren asumir sus errores y lo mismo ocurre con los responsables de salud pública. Hay demasiado en juego: su prestigio, su carrera, su legado. Tal vez si hubiese más estamentos involucrados se podría obtener una evaluación sobre lo que ocurrió, pero con entrevistas privadas no es posible porque se juegan demasiado.

Lo más probable es que sean los historiadores los que cuenten lo que ocurrió dentro de veinte años cuando ya no estén los actores ni sus discípulos al mando. Así es como saldrá la verdad.

En un sistema de salud ideal, la evaluación estaría incorporada de forma rutinaria, casi en tiempo real. Ojalá sea este el futuro porque el pueblo catalán y el pueblo español, se lo merecen.

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