Equipos de trabajo unidos frente a la COVID-19

RESEÑA

Por: Inma García Romera, Joan Carles March

 

En situaciones como la actual, donde el sistema sanitario se pone a prueba, el papel de los equipos de trabajo en los centros sanitarios cobra un especial protagonismo. El compromiso, la disponibilidad, la profesionalidad, la creatividad, se han convertido en sus principales “armas” para dar la mejor respuesta al desafío de la COVID-19.

Son los propios profesionales que están en la primera línea de esta crisis sanitaria, los que trasladan la importancia de trabajar unidos en estos momentos a través de las redes sociales y foros profesionales. A pesar de la incertidumbre, del miedo, del estrés que acompaña a esta situación tan extraordinaria, destaca el buen ambiente de trabajo entre compañeros/as unidos y el sentimiento de trabajar para dar respuesta a un objetivo común.

La experiencia de un buen trabajo de equipo, tiene elementos comunes que nos gustaría compartir, teniendo en cuenta que cobran su máximo sentido en la situación actual.

¿Qué necesitamos para un buen trabajo en equipo?

 

  1. Buenas relaciones interprofesionales

Generar un buen ambiente de trabajo constituye un elemento multiplicador para un buen trabajo en equipo y es responsabilidad de todos y todas. Va más allá de la categoría profesional, del nivel asistencial, del servicio o unidad de pertenencia, de la trayectoria previa, e incluso, de rencillas personales.

Unas buenas relaciones entre profesionales que, en estos momentos, vienen acompañadas del buen trato entre compañeros, de facilitar y ayudar entre todos para dar respuesta a situaciones profesionales nuevas, que nos conducen a ser más comprensivos y empáticos con las carencias del otro.

Y es que “empezamos por las formas y acabamos por el fondo”. Los pequeños gestos cobran más importancia que nunca: una sonrisa, una palabra de ánimo, un mensaje de optimismo, un tentempié compartido,… Gestos que ayudan a sentirse acompañado, a sentirse útil, a sentir que nos mantenemos unidos por el vínculo del compromiso y la confianza.

Estas buenas relaciones también han tenido su reflejo en las redes sociales, que se han convertido en un punto de encuentro para poner en común y compartir los aprendizajes en el día a día. Esta necesidad de aprendizaje constante, integrado y conectado, nos hace pensar en el diseño de modelos formativos complementarios, orientados a dar respuesta ágil y rápida a nuevos problemas y desde múltiples dimensiones.

 

  1. Reconocimiento del saber

Uno de los principales elementos de motivación en un equipo es el reconocimiento profesional. Nos gusta sentirnos útiles, que nuestro conocimiento, nuestra experiencia, nuestras habilidades, nuestra actitud sea valorada como importante para las personas que trabajan con nosotros.

La colaboración y coordinación entre especialidades y profesiones permite centrar el foco en la persona, constituyéndose equipos multidisciplinares en el que todos aportan para prestar la mejor atención a los pacientes afectados por el coronavirus.

Es emocionante y motivador el reconocimiento de los pacientes, de la ciudadanía constante a través del  “aplauso sanitario” de las 8 de la tarde. Es importante también el reconocimiento que viene de nuestros jefes y jefas, y también el que nos trasmiten nuestros compañeros/as de trabajo. Este mutuo reconocimiento surge ahora de manera espontánea, natural, especialmente en situaciones difíciles. Todos somos importantes. Todos nos necesitamos. Ello nos permite generar espacios para compartir, para ampliar nuestra capacidad de respuesta  y “ser más que la suma de las partes”.

Por eso insistimos en la necesidad de agradecer el trabajo bien hecho, de tomar conciencia de lo que nosotros aportamos y de lo que nos aportan los demás, de reconocer y de reconocernos mutuamente y de cuidar las emociones tan a flor de piel en estos momentos.

 

  1. Proyecto Común

El proyecto da sentido a los equipos. Sin proyecto, no hay equipo.

Un buen equipo de trabajo comparte un objetivo común, participado y comunicado, en el que existe acuerdo hacía donde se dirigen los esfuerzos de todos y todas. Los proyectos son fuente de motivación y compromiso. Los proyectos ayudan a sentirnos más cohesionados. Nos hacen sentir parte de un equipo. Hacen que los éxitos y los fracasos sean compartidos.

En ocasiones, los nuevos proyectos generan resistencias y faltas de entendimiento entre la organización y los profesionales. A veces porque no hay directrices, o porque quien hace de jefe/a no sabe cómo hacerlo, o porque los protocolos no se acercan a la realidad o porque las instrucciones ante la COVID-19 son muy largas y poco prácticas o porque no están bien comunicadas. Y en otra línea, porque sentimos que no tiene nada que ver con nosotros, que poco podemos aportar a su consecución o porque nos obligan a incorporar cambios que nos sacan de nuestra rutina y de lo que sabemos que controlamos.

Y a veces ocurre, como en la situación actual, que ante este nuevo proyecto, salimos de nuestra zona de confort y valoramos todo lo que vamos aprendiendo, especialmente “cuando tu vida y la de los pacientes están en juego”. Y porque notamos que la colaboración, el compartir lo que sabemos, la cooperación máxima, las ayudas y apoyos nos permiten mejorar en esta situación tan difícil y donde necesitamos un liderazgo informativo, transparente y realista.

Equipos unidos frente a la COVID, equipos que buscan entre ellos y ellas un proyecto común, equipos que conocen sus fortalezas y debilidades, equipos que establecen metas concretas, equipos en constante aprendizaje, donde prima la confianza, equipos que entregan profesionalidad, habilidad y personalidad y donde los pequeños logros se convierten en grandes éxitos. “Igual deberíamos de tomar nota para el post COVID…” porque el trabajo en equipo nos hace, sin duda, más fuertes.

 


Referencias y enlaces de interés

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