La situación en Panamá, primeros análisis de una falla ante el COVID-19

RESEÑA

Por: Rigoberto Centeno

 

Después de casi 90 días en cuarentena obligatoria asociada a una ley seca, el Ministerio de Salud decidió, basado en una Rt menor a 1, con una capacidad de aumentada de pruebas diarias, y una incidencia estable por más de 7 días, con una disponibilidad de camas de 40%, reabrir la economía y terminar la cuarentena. En una semana los casos se duplicaron y actualmente tenemos un repunte aún mayor que durante abril, el peor mes de la crisis sanitaria. Actualmente la incidencia es 3 veces mayor, sobre todo en los barrios pobres marginales, y nos encaminamos a una situación muy crítica.

Las razones de este fracaso relativo podemos encontrarlas en la forma abrupta, súbita y total en que se levantó la cuarentena. Toda la población fue liberada en un solo dia, esperando que cumplieran voluntariamente con el lavado de manos, el distanciamiento social y el uso de la mascarilla. Antes de la apertura se había utilizado el salvoconducto como mecanismo para transitar a las personas que tenían labores esenciales, y uno de cada 8 panameños tenía un salvoconducto, lo cual se tornó excesivo.

Por otro lado algunos funcionarios envueltos en el control de la pandemia estuvieron envueltos en situaciones de compras altamente sospechosas de ser corruptas, lo que provocó la pérdida de liderazgo del gobierno en esta batalla y llevó a la eliminación de las conferencias de prensa diarias que el gobierno había organizado para mantener informada la población, quizá por temor a los controles sociales y la rendición de cuentas que se exige además, dejando un precioso espacio de comunicación a las redes sociales y todo tipo de epidemiólogos improvisados y políticos deseosos de ganar notoriedad.

Entre las capacidades necesarias para levantar la cuarentena era obligatorio o tener una oportuna capacidad de diagnosticar casos y aislar contactos o trazabilidad, y en este aspecto nunca se informó a la población la calidad y eficiencia-tiempo de esta competencia y tampoco se trabajó en utilización o trabajo conjunto con la organización local comunitaria y de los gobiernos locales, intentando que desde el nivel central y sectorial se abordara el problema de organizacion y comunicacion comunitaria. Esta situación, asociada a las fallas de la estrategia de comunicación, crearon una falla terrible en la capacidad y guía a la acción que se requería cuando se levanta una cuarentena.

El gobierno no solo no logró informar y liderar la acción, sino que perdió valiosísimo tiempo para la concientización de la población, la cual era crítica para cuando la epidemia se desplazara hacia los barrios populares, que requieren mucha presencia física del Ministerio, muchos incentivos para el comportamiento social y sanitario adecuado, un enfoque integral socioeconómico para resistir el impacto económico de la epidemia. Si a esto se asocia una vivienda hacinada, interna y externamente, a un sistema de transporte de los barrios populares caótico y desregulado en donde es imposible guardar el distanciamiento social y la relativa dificultad para masificar las pruebas, han tenido como consecuencia un repunte alarmante de los casos y una pérdida de todas las ganancias obtenidas durante el periodo de cuarentena, con una crisis de credibilidad, de entusiasmo muy grave; y esto ocurre en un país con suficientes recursos para enfrentar esta crisis.

Ahora debemos adoptar una perspectiva que, quizás será el único camino a seguir en este momento la cual es el continuar robustamente atenuando los efectos o impacto del virus y facilitar que la población pueda lograr a un equilibrio en el punto más bajo posible de agresión del virus. Es una estrategia de equilibrio beligerante, para nada una rendición.

 


Rigoberto Centeno es médico experto en Protección Social en Salud y Gestión de Servicios. Decano Universidad Americana. República de Panamá

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