Reflexiones desde Italia sobre el COVID-19

RESEÑA

Por: Giancarlo Durante

 

Si se me preguntara con qué Italia me encuentro hoy, principios de julio de 2020, no tengo dificultades para responder. El nuestro es un país que todavía se encuentra profundamente sacudido por la enorme catástrofe que llovió sobre nuestra comunidad desde China a finales de enero de este año y luego, inexorablemente, invadió gradualmente, toda Europa y el mundo entero con curvas epidemiológicas más o menos superponibles. Un acontecimiento en gran medida inesperado, a pesar de que muchos expertos estadounidenses y asiáticos, cual diosa Casandra a la que nadie escucha, habían advertido durante años sobre el peligro que acechaba.

La pandemia ha revolucionado el fluir de nuestras vidas familiares, las formas habituales de trabajo y está provocando el cierre de un impresionante número de pequeñas y medianas empresas en Italia, poniendo en riesgo cientos de miles de puestos de trabajo. Los datos oficiales actualizados a esta fecha hablan claro: la pandemia de COVID-19 en nuestro país ha causado casi 35.000 muertes; muchas, tantas, ¡demasiadas! Principalmente en las regiones del norte de Italia, especialmente en Lombardía, pero también en Piamonte, Véneto, Emilia Romaña, Liguria. En las provincias de Bérgamo y Brescia (Lombardía) ha desaparecido una parte sustancial de las personas mayores, en su mayoría hombres: una generación barrida por la covid-19 en pocas semanas, entre marzo y abril; hospitalizados en condiciones dramáticas en cuidados intensivos e intubados, a los que incluso se negó la posibilidad de recibir una última caricia de sus seres queridos antes de morir. En la memoria de los italianos e italianas permanecerá grabada durante mucho tiempo, como un puñetazo en el estómago, la sucesión de imágenes de televisión de las decenas de camiones militares que desde Bérgamo llevaban cientos y cientos de ataúdes a quién sabe qué hornos crematorios dispersos por la Península italiana. Dichas imágenes causaron un fuerte impacto emocional, solo comparable tal vez a las grabadas durante las celebraciones del Triduo Pascual por el Papa Bergoglio fuera del cementerio de la Plaza de San Pedro, en una espeluznante y desierta Roma, bañada por abundantes gotas de lluvia, como las tristes lágrimas de muchos familiares de ancianos que murieron en esos días.

 

Historia de cómo empezó todo

Este no es el lugar para hacer un análisis más detallado de los eventos, pero aquí va el relato rápido de esos días.

El 29 de enero de este año, dos ciudadanos chinos que se hospedaron en un hotel en Roma, procedentes de la ciudad china de Wuhan y que aterrizaron en el aeropuerto de Malpensa de Milán el 23 de enero, fueron hospitalizados por síntomas febriles atribuibles al virus Cov-2 del SARS en Cuidados Intensivos del prestigioso Istituto per Malattie Infettive Spallanzani de Roma. Los cónyuges, de 64 y 65 años, después de semanas de hospitalización, se salvarán y, en esos mismos días se conocerá la noticia de su donación de 40 mil euros a favor de dicho Instituto.

No se puede dejar de mencionar otro caso emblemático que describe bien cómo se desarrollaron los hechos al comienzo de la pandemia en Italia. A mediados de febrero, el Gobernador de la Región del Véneto, Luca Zaia, organiza una investigación oficial sobre la propagación del virus en su región. En la pequeña localidad de Vo Euganeo, provincia de Padua, a partir de dicha investigación realizada (con pruebas PCR), los resultados arrojan 90 personas infectadas con el virus. Zaia impone de inmediato el cierre de todas las escuelas de todos los niveles y de formación profesional, así como toda la actividad comercial e industrial. El ejército toma las calles del pueblo durante dos semanas y no permite entradas ni salidas sin autorización. El 20 de febrero de 2020 Mattia, un joven deportista de 38 años de la pequeña ciudad lombarda de Codogno (provincia de Lodi), ingresa en Urgencias del pequeño hospital de la ciudad después de 5 días de fiebre intensa y síntomas respiratorios insoportables, allí es intubado inmediatamente en condiciones clínicas muy graves. El joven, quien perderá a su padre por COVID-19 unos días después, ha sido definido como paciente cero. Se salvará tras un mes de terapia, gracias también a su fuerte constitución.

En realidad, tal y como está emanando en estos momentos de los análisis sobre las aguas residuales realizadas a posteriori en varias ciudades del Norte y llevadas a cabo en Milán, Turín, Bolonia, en el Norte de Italia el virus ya había estado circulando desde la segunda mitad de diciembre de 2019 y lo que inicialmente fue llamado “paciente cero”, probablemente fuera “paciente trescientos” aproximadamente.

 

Tres epidemias, no solo una

Los factores determinantes que han convertido a Lombardía en un caso internacional sigue siendo un tema de estudio y discusión. Con la mitad de las muertes ocurridas en esa región y con un número desconocido de COVID-19 positivos, aún a día de hoy, entre los más de 10 millones de habitantes de la región italiana más rica, las conclusiones todavía no están del todo claras. La presencia de un aeropuerto internacional en un contexto productivo, que es el corazón palpitante de la economía empresarial italiana, una excelente atención médica hospitalaria trasladada al sector privado, pero con servicios de prevención territorial profundamente deficientes, la contaminación atmosférica presente en la Llanura Padana esas semanas constituyeron, en mi opinión, elementos decisivos para registrar esa increíble cantidad de contagios y de muertes. Eventos sociales importantes, ferias, partidos de fútbol internacionales, un sistema de transporte público altamente saturado, la presencia de muchas personas mayores en centros de acogida y residencias sanitarias, un manejo poco acertado de controles y contagios ocurridos en estructuras hospitalarias con exposición a fuertes cargas virales hicieron el resto.

Por lo tanto, según lo descrito anteriormente, tal vez ahora sea posible comprender mejor por qué a día de hoy, finales de junio, el nuestro sigue siendo un país en suspensión, temeroso, dispuesto a abrazar el riesgo sanitario, e incluso económico, de estar sujeto a las limitaciones de algunas de las sacrosantas libertades individuales consagradas en nuestra Constitución.

La libertad de movimiento, la posibilidad del contacto humano, el derecho a mostrar públicamente la identidad física han sido cuestionados en los últimos meses por medidas restrictivas implementadas por el Gobierno central y las administraciones regionales. Estas son renuncias «dolorosas», que no siempre son toleradas y aceptadas, aunque gran parte de la población se haya mostrado convencida de que el objetivo final de las mismas era la salvaguarda de la salud pública.

 

©Wikipedia

 

En una entrevista de hace unos días, uno de los mayores expertos italianos en el campo de la salud pública, el Profesor Donato Greco, ha sentenciado que las autoridades sanitarias italianas centrales al igual que tomaron medidas que han demostrado ser efectivas, han cometido algunos errores, como medir con el mismo rasero o considerar como unívoca la incidencia de los casos de COVID-19 en las diferentes áreas del país, porque de inmediato se hizo evidente que en Italia había tres epidemias en términos de tiempo, modalidad, extensión y curvas de inicio: la violenta en las regiones del Norte, la menos intensa en el Centro y la que se desarrolló en las regiones del Sur, más similar en tendencia a la infección registrada en Alemania o Grecia.

La Región de Campania, por ejemplo, aunque nunca tuvo brotes epidémicos especialmente intensos, a principios de marzo de este año incluso anticipó y más tarde endureció, aún más, las decisiones del Gobierno nacional sobre las medidas de distanciamiento social, de cierre de actividades comerciales y empresariales, con sanciones administrativas muy estrictas, cuarentena incluida, en caso de incumplimiento de las normas. Según el Profesor Walter Ricciardi, asesor del Ministero della Salute, las múltiples medidas implementadas por el Gobierno, a veces solapadas entre sí, han servido para limitar en gran medida el número de muertes, que en ausencia de esas decisiones podrían haber sido más del doble.

Otro aspecto a considerar es la comunicación de los riesgos a la ciudadanía, retransmitida a diario durante largas semanas en la televisión por Protección Civil con el apoyo de las y los profesionales del Istituto Superiore di Sanità, del Consiglio Superiore di Sanità y del Ministero della Salute. A menudo el enfoque informativo resultaba inexacto, incluso contradictorio y, a veces, provocaba ansiedad. Han sido muchas, y en ocasiones caóticas, las iniciativas del Gobierno de Giuseppe Conte para hacer frente a la emergencia. Entre las cuales, el del Consejo de Ministros del 28 de febrero de 2020, el Decreto-ley que introdujo «Medidas urgentes de apoyo para familias, trabajadores y empresas relacionadas con la Emergencia epidemiológica de COVID-19». El Decreto-ley del 2 de marzo de 2020, núm. 9, el Decreto Ley de 17 de marzo de 2020, núm. 18, el llamado Cura Italia (“Curar Italia”), titulado «Medidas para el fortalecimiento del servicio nacional de salud y de apoyo económico para familias, trabajadores y empresas vinculadas a la Emergencia epidemiológica del COVID-19».

El 18 de marzo de 2020 tiene lugar el nombramiento del Dr. Domenico Arcuri como Comisario Extraordinario para el fortalecimiento de las infraestructuras hospitalarias necesarias al objeto de hacer frente a la Emergencia COVID-19. Arcuri se encargó del suministro de respiradores, entre otras cosas, y trató de controlar, sin mucho éxito, el precio de compra de las mascarillas quirúrgicas individuales en las farmacias, a un coste de 0,50€. Para contrarrestar el colapso del 10% del PIB esperado en los próximos meses en Italia y lanzar un plan de inversión, modernización y desburocratización de la maquinaria administrativa, el 10 de abril de 2020 se nombra al Dr. Vittorio Colao como Presidente del llamado Task Force, constituido para gestionar la Fase 2 de la Emergencia del coronavirus. El comité, compuesto por 17 miembros, produjo un documento de 121 páginas con otros tantos ítems. Entre otras cosas, se le dio especial importancia a la implementación de la innovación tecnológica (que ha entrado a formar parte de nuestro día a día con prepotencia), la telemedicina, la enseñanza a distancia y el smart working (fusión de teletrabajo y herramientas tecnológicas). El plan Colao podría requerir hasta 170 mil millones de euros en cinco años, una cantidad que coincide con lo que, entre transferencias y préstamos (90 mil millones de préstamos y 80 de subsidios), llegaría a Italia desde el llamado Plan de Reconstrucción de 750 mil millones de euros para todos los países de la Unión Europea.

 

Por último, no puedo omitir un recuerdo a los más de 170 médicos y médicas y a los más de 40 profesionales sociosanitarios y sociasanitarias, que han fallecido por proporcionar asistencia —a menudo en muy malas condiciones de trabajo— a los y las pacientes con COVID-19.

En la página web del Ordine dei Medici Italiano, se puede leer una nota de duelo que reproduce unos versos del gran poeta italiano Giuseppe Ungaretti, Premio Nobel de Literatura, escritos al final de la Segunda Guerra Mundial:

Cesad de matar a los muertos,
no gritéis más, no gritéis
si todavía los queréis escuchar,
si esperáis no perecer.

Tienen el imperceptible susurro,
ya no hacen ruido,
de la hierba cuando crece,
complacida por donde no pasa el hombre.

 

 


Giancarlo Durante es médico especializado en Medicina del Trabajo, Exgerente de la Azienda Sanitaria Locale Salerno.

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